La cultura narco
El argumento, afortunadamente, va siendo entendido cada vez más en América Latina, una región que fue succionada a “la guerra contra el narcotráfico”, y, en la cual, sólo pueden contarse una colección de batallas perdidas, algunas “ganadas”, y un avance espectacular de un proceso que ningún Gobierno, ni el de Estados Unidos, podrá detener.
Pero si usted creía que el avance de los narcos era en el transporte, en sus Zetas, y en sus capos, pues será ya el tiempo de revisar las premisas del análisis, ya que cerrando 2009 es en otro campo, en el “cultural”, en el cual vemos ante nosotros el progreso del lifestyle narco.
No se sorprenda, si todos los días, y todas las noches, vemos la creación de la “cultura narco”, y lo más curioso es que nos gusta, la premiamos, y la regeneramos. (Ingenuos aquellos que creían que sólo la política y el Gobierno eran influidos por el narcotráfico).
Para ser narco no es necesario pertenecer a un cártel, o transportar droga, o dólares en efectivo, o corromper autoridades gubernamentales, o convertirse en pushers en cualquier discoteca de tercera categoría.
No. Estos grupos generaron una subcultura, que transformaron en contracultura, y hoy la presentan de manera higienizada como cultura mainstream Y nosotros la hemos aceptado cómodamente.
El éxito de los narcos es, en mi opinión, el “cultural”, o sea el avance más significativo que esta industria ha logrado, y con lo cual se “legitiman” en una sociedad hipócrita que los condena, pero que se entretiene maravillosamente con su narcocultura.
Así, la “música narco”, desde del “reguetón hasta la regional mexicana” toman como base el lifestyle narco y lo musicalizan, generando estructura mental, sobre todo en la juventud, de una visión güaruresca-carteleresca-trafincantesca, que eleva a los participantes a niveles de heroísmo aspiracional. (Es más fácil hoy que un niño aspire a ser narco, que a ser policía).
Los narcos, de hecho, son considerados héroes en muchas partes de Guatemala, y no sólo eso, sino que las comunidades los aprecian en cuanto benefactores que llenan los vacíos dejados por el Estado. Y si no me cree, vaya a preguntar a San Marcos, quiénes están realmente atrás de los bochinches, y qué les han prometido a cambio de generar crisis. (Y qué quieren encubrir con el bochinche).
Qué decir de las narconovelas que todas las noches sintetizan, validan y promueven un estilo de vida admirado por países enteros. Los narcos, tanto como los TVevangelistas, han irrumpido en los hogares martillando la legitimidad del bisnes en los massmedia, con su glamur incluido. (Ah, y es más interesante ver novelas acerca de narcos que a evangelizadores).
No digamos fashion, ni tampoco mencionemos “arquitectura”, ni landscaping, ni gastronomía; en todos lados el narco ha colocado su estilo show-off.
Y por eso insisto en mi argumento acerca de la discriminalización y legalización de las drogas consideradas “ilegales”. Drogarse es una decisión individual, tanto como embolarse, o comer grasas.
Criminalizar la droga sólo ha hecho más eficientes a “los narcos”, y eso lo comprueba el impacto (shift sociocultural) que si bien era sutil al inicio, hoy es ya más que visible. Legalizar las drogas disminuiría ese impacto.
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