La apuesta arancelaria de alto riesgo del presidente Trump

El régimen arancelario de Trump solo está creando nuevos y mayores problemas
25 de febrero, 2025

El presidente Trump debería concentrarse en el audaz proceso que ha puesto en marcha para optimizar y reducir el tamaño del Gobierno, que ha acumulado una increíble deuda de 36,2 billones de dólares y ha ido añadiendo casi 2 billones anuales en los últimos años.

Lo que no debería hacer es imponer más aranceles a China, continuar con sus planes de aplicarlos a las importaciones europeas, jugar al ojo por ojo con todos los demás países con los que Estados Unidos hace negocios, o utilizarlos para amenazar a Canadá y México en la búsqueda de objetivos que esos países no pueden cumplir.

Estados Unidos dispone de muchas herramientas para abordar los problemas de la droga y la inmigración. Todas se reducen a una sola cosa: adaptar la política estadounidense a la realidad y tener en cuenta las fuerzas de la oferta y la demanda.

Estados Unidos cuenta también con muchas herramientas para ayudar a las empresas estadounidenses a ser más competitivas frente a las chinas y otras compañías cuyas importaciones a precios más bajos han provocado que el Sr. Trump se obsesione con los déficits comerciales. Aunque los subsidios gubernamentales y las barreras comerciales explican algunas diferencias de costos, los principales culpables son la política monetaria estadounidense, que ha alimentado la inflación interna, y las cargas burocráticas y regulatorias impuestas por el gobierno, que dificultan enormemente a los productores estadounidenses mantener bajos los costos.

Debido a estos pasos en falso, los costos laborales unitarios se han duplicado en Estados Unidos desde mediados de los años ochenta. Los aranceles no pueden enmendar eso.

El Sr. Trump tiene hasta el 4 de marzo para decidir si sigue adelante con su plan de imponer aranceles del 25% a los productos importados de Canadá y México. Las importaciones estadounidenses de ambos países ascienden a unos 900.000 millones de dólares anuales. Asumiendo que los niveles de importación se mantengan estables en vez de disminuir, que es lo más probable, imponer un gravamen del 25% añadiría unos 225.000 millones de dólares al costo total de estos productos, incluidos autobuses, automóviles, productos químicos, alimentos, combustible, ganado y maquinaria.

El régimen arancelario de Trump no termina ahí. El presidente también ha propuesto otro impuesto del 10% sobre los productos chinos, el acero y el aluminio, y una ronda de “aranceles recíprocos” que igualarían, producto por producto, país por país, cualquier impuesto proteccionista aplicado contra las importaciones estadounidenses en cualquier parte del mundo.

Por supuesto, los socios comerciales de Estados Unidos no dirán: “Gracias, señor presidente, no hay problema”.

Canadá anunció su plan de represalias cuando el primer ministro Justin Trudeau y el señor Trump negociaron una tregua de un mes y el presidente Trump retrasó los aranceles. México también estaba dispuesto a contraatacar, pero se abstuvo después de que la presidente Claudia Sheinbaum hablara con el Sr. Trump.

Esta parte de la guerra comercial, la represalia, habría aumentado los costos de los casi 700.000 millones de dólares en productos y servicios estadounidenses vendidos a canadienses y mexicanos anualmente. Al desplomarse previsiblemente las ventas, los puestos de trabajo estadounidenses se verían impactados.

Este es un juego arriesgado para el Sr. Trump. Perjudica a los consumidores y productores estadounidenses, socava la libertad de intercambiar bienes, servicios, ideas y capital a través de las fronteras, y podría empujar a algunos amigos y aliados a los brazos de China.

El libre comercio involucra valores estadounidenses fundamentales: el derecho a comprar, vender, poseer e intercambiar. Debería estar amparado por la protección de la Quinta Enmienda frente a la expropiación sin una compensación justa.

Contrario a los argumentos de la Casa Blanca, no hay nada que ganar en las guerras comerciales. Canadá y México no se encuentran en posición de eliminar la migración hacia Estados Unidos, ni pueden evitar el flujo de fentanilo, las principales razones que el señor Trump da para castigar a sus vecinos.

La historia ha demostrado repetidamente que cualquier cosa con un gran mercado encontrará su camino hacia aquellos que la buscan a pesar de los mejores esfuerzos de las fuerzas de seguridad por detenerla.

La mano de obra inmigrante, por ejemplo, sigue cruzando la frontera estadounidense porque los empresarios estadounidenses la necesitan desesperadamente. Tras la aparición del COVID-19. la mano de obra estadounidense se habría contraído de no ser por los más de los 3,5 millones de inmigrantes indocumentados contratados en los últimos cuatro años.

La importación ilegal de fentanilo también se ha disparado porque otras drogas analgésicas y recreativas se han vuelto más costosas y difíciles de obtener, incluso legalmente.

Supongamos que la administración Trump se toma en serio la resolución de los problemas de inmigración y drogas ilícitas. En ese caso, debería centrarse en sus causas profundas en lugar de enredarse en autodestructivas guerras comerciales contra amigos y aliados. Las guerras comerciales no resolverán nada. Lo único que harán será crear nuevos y mayores problemas.

Traducido por Gabriel Gasave

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