Ecuador: Los pelucones del presidente
Por Guillermo Arosemena Arosemena
El Expreso de Guayaquil
Creo conocer la historia empresarial y económica de Ecuador, para afirmar categóricamente que las fuerzas vivas guayaquileñas han tenido rol protagónico en la vida guayaquileña y nacional; igual caso los empresarios. De todas las instituciones que firmaron el comunicado que motivó el término peyorativo de “pelucones”, la Cámara de Comercio de Guayaquil (CCG) ha sobrevivido guerras civiles, revoluciones, incendios, golpes de estado, etc. y sus representantes fueron puestos en prisión en más de una ocasión, por más de un tirano. Con ella no tengo ninguna relación gremial.
Soy y siempre seré defensor de la libertad económica, emprendimiento, innovación, tecnología y creo que las empresas solidarias, son el vehículo más eficiente para salir de la pobreza. Como en todo conglomerado humano, entre los empresarios hay los humanamente solidarios y los indiferentes, con certeza hay más de los primeros. Lo mismo ocurre entre médicos, abogados, etc.
La CCG y los empresarios a título personal colaboraron estrechamente con Eloy Alfaro, ídolo del joven mandatario, durante más de 20 años. En 1883, cuando el dictador Ignacio de Veintimilla gobernaba el país, los empresarios proporcionaron los recursos económicos para traer a Alfaro, quien vivía en Centroamérica, para enfrentar al dictador.
Además de apoyar con dinero, también estuvieron junto a él jóvenes soñadores guayaquileños como Esteban Febres Cordero Lavayen -abuelo de León Febres Cordero R. -, Luis Adriano Dillon y otros, en los sangrientos encuentros con la oposición y estuvieron listos a dar sus vidas.
En la primera presidencia de Alfaro, para evitar que él emitiera inorgánicamente 2,000,000 de sucres (1,000,000 de dólares de esa época), que hubiera causado una catástrofe a la economía del Ecuador, los empresarios salieron al paso y prestaron al gobierno esa cantidad de dinero. De igual forma, cuando Alfaro recurrió a la CCG para pedir la opinión si convenía a los intereses de nuestro país modificar el régimen monetario, se formó una comisión de las mentes más brillantes en finanzas, quienes recomendaron adoptar el Patrón Oro, como efectivamente lo decretó Alfaro. En la segunda administración, los empresarios nuevamente ayudaron a Alfaro, invirtiendo en instalaciones y gente para manejar la carga del puerto, a pedido de Alfaro cuyo gobierno no tenía recursos. Ellos no torturaron ni quemaron a Alfaro.
El uso peyorativo de “pelucón” incita a la lucha de clases e insinúa que tener dinero y posición social es malo, cuando debe ser todo lo contrario. Si el presidente Correa ha leído a Den Xiaoping, el transformador de China, debe saber que él afirmó que tener dinero debería ser la meta de todo chino. A nadie le interesa vivir en el lodo y comer una vez al día. Las personas no son responsables en el medio en que nacen, pero sí lo son respecto a qué hacen con sus vidas. Hay pobres que no tienen aspiraciones, así como hay ricos con la misma actitud; hay pobres que se hicieron ricos y ricos que se hicieron pobres. Todo en la vida tiene ciclos, no solamente las cosechas y mareas.
Guayaquil en particular y Ecuador en general ha sido testigo de gente que sin tener recursos económicos, alcanzó elevada posición social y económica: mi tatarabuelo Ildefonso Coronel, llegó a Guayaquil en los primeros años del siglo XIX, huyendo con su madre viuda y hermanos de la crisis económica que había en Cuenca. Comenzó vendiendo libros y en 40 años se convirtió en uno de los hombres más ricos de Guayaquil. Fue gran benefactor al donar dinero al Cabildo para la construcción de escuelas y puentes, que necesitaba la ciudad por estar llena de esteros. Además dio trabajo a centenares de ecuatorianos por ser exportador, importador, hacendado y banquero. Un siglo más tarde, los Coronel habían perdido todo lo acumulado.
La mayoría de los grandes exportadores de cacao de fines del siglo XIX e inicios del XX, fueron personas sin recursos económicos que por su iniciativa, creatividad y capacidad de trabajo, acumularon grandes fortunas, que luego perdieron por las epidemias de las plantaciones en los años veinte del siglo pasado. Uno de ellos fue José Morla López, quien inició actividades comerciales como “cajonero”, entre 1820 y 1840. Cajoneros eran los que vendían mercadería desde un cajón, no eran lo suficientemente grandes para alquilar un local en la planta baja del Cabildo. Sus hijos continuaron los negocios y llegaron a tener decenas de haciendas de cacao y otras actividades.
Evangelista Calero vino a Guayaquil de Guaranda sin un centavo a fines del siglo XIX, con los años se convirtió en el rey del zapato, su fábrica producía decenas de miles de pares anuales. En el siglo XX, es larga la lista de pobres que se hicieron ricos: se encuentran en la agricultura, comercio, exportación, banca, industria, etc. Debo conocer a más de un centenar de ellos, ejemplos de triunfadores, de personas que lucharon contra el destino y ganaron. Ninguno es resentido social. En un anterior artículo comenté que en el ranking de las empresas más grandes del país, la mayoría de las primeras 20, hace 30 años no existían o eran muy pequeñas, teniendo como ejemplos : Supermaxi, Mi Comisariato, Pronaca, etc.
La lucha de clases es producto del resentimiento social de quienes están llenos de rencor y quieren desquitarse por haber nacido pobres. No puede haber desarrollo humano en quien quiere vengarse. En Estados Unidos hay millones de gente rica y pobre, pero a ningún alto funcionario del Gobierno se le ocurre menospreciar a Buffet, Gates y otros centimillonarios. Ellos también fueron pobres. Lo mismo sucede en Brasil.
Lula viene de orígenes muy humildes, pero él no se expresa mal de las grandes corporaciones, más bien las apoya como está haciendo con Embraer, el fabricante de aviones que compite con corporaciones estadounidenses y europeas. La lucha de clases fue explotada por Marx y Engels, quienes equivocadamente pensaron que el mundo sería del proletario y asumieron que los pobres no serían capaces de superarse, por lo que el mundo estaría lleno de ellos; jamás imaginaron que para fines del siglo XIX, decenas de millones de personas dejarían la pobreza, centenas de millones en el XX, y seguramente miles de millones dejarán de serlo en el XXI. En mi juventud tenía unos amigos que proclamaban el socialismo, con los años se hicieron prestigiosos profesionales, consiguieron ganar mucho dinero y se olvidaron de las ideas marxistas.
El gran pecado de quienes nos han gobernado es no haber dado oportunidades a los pobres para dejar de serlo.
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