Legalizar las drogas
Tantas muertes y tanto dolor podrían evitarse si tuviéramos los pantalones y la visión de largo plazo correcta para descriminalizar y legalizar todas las drogas que hoy son consideradas como “prohibidas, ilícitas y criminales”.
La lógica simple llevó a muchos a concluir que prohibiendo lo malo entonces erradicarán el mal; éste definido por ellos, autodenominados líderes morales, por supuesto. Así, muchos razonaron, sobre todo los legisladores, que prohibiendo la droga entonces la erradicarían. Conste, esa fue una decisión política, lejos del análisis de la realidad. El público aceptó esa decisión complacido, creyendo, también, que la prohibición sería erradicación.
Nunca analizaron los legisladores ni el público que la prohibición y la criminalización de las drogas tendría efectos más allá de lo imaginable: 1, la criminalización de la droga elevaría el precio; 2, una demanda creciente; 3, el precio alto y la demanda alta son los incentivos más poderosos para la formación de mafias; 4, la producción no decreció; 5, los Estados fueron infiltrados rápidamente; 6, el narcotráfico es un fenómeno global y los gobiernos lo siguen explicando como “un hecho nacional”; 7, la guerra contra el narcotráfico está perdida.
Y viendo el fracaso, los ciudadanos siguen pidiendo “leyes más duras” contra el narcotráfico. ¡Insólito!
Pegarle al corazón de la actividad narcotraficante pasa por la aceptación básica del hecho de que es el incentivo financiero el que mantiene el círculo vivo. Y pegarle a ese incentivo debería ser un objetivo estratégico de los gobiernos.
También, inútiles como los políticos, son todas esas leyes contra “el lavado de dinero”. A estas alturas de la experiencia ha quedado claro que esas leyes sólo sirven para intervenir a ciudadanos honrados, productivos, y ejercer control sobre actividades lícitas. Además, son los mismos que generan esas ridículas leyes los primeros que terminan violándolas, o generando puntos de fuga y trampas para no ser detectados.
La legalización de las drogas —como se hizo con el licor— eliminó las mafias, redujo drásticamente la criminalidad por esa causa, y, oh paradoja, se convirtió en una de las principales fuentes de ingresos fiscales.
En el caso de Estados Unidos —me refiero a prohibition— hasta las familias que se dedicaban al tráfico ilegal de licor durante los años 20 son actualmente casi parte de la “realeza gringa”.
Y cuando digo gringo me refiero también al principal consumidor de droga en el mundo. Creería yo que los gringos son quienes ya aprendieron las lecciones de prohibition, pero estoy equivocado. Tanto ellos como nosotros hemos olvidado las grandes lecciones de prohibition, siendo la principal que la explicación del proceso económico de los incentivos, paralelo a la criminalización, son los grandes ejes del narcotráfico.
Apelo entonces a la explicación económica como el único acercamiento válido para el combate del narcotráfico. De hecho, la legalización de las drogas es la solución al reto estratégico en seguridad nacional, regional y global.
La propuesta de legalización de las drogas gana cada día más apoyo.
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