La carísima gratuidad
Nada más demagógico y populista que los programas de gratuidad del gobierno de Colom. El argumento estatal es que la gente no pagará ni un centavo por la educación y la salud, y los efectos de esa charlatanería política ya empiezan a sentirse. |
Colom y asociados deberán entender que “no hay nada gratis”, y que lo único que hicieron fue desviar fondos de un lado a otro, además de quitar a los padres de familia, pacientes y usuarios, además de los patronatos, la responsabilidad de los servicios.
En este contexto, la propuesta de presunta gratuidad no previó que la relación social, aunque frágil, entre, digamos, padres de familia y prestadores de servicio, se disolvió, y que los mismos prestadores de servicio podrán ahora con más certeza argumentar que “no tienen los recursos”, que aunque pocos antes sí tenían, y que, por lo tanto, no pueden prestar el servicio hasta que el Gobierno les mande los insumos.
Salud y Educación, dos bases del denominado “desarrollo social”, terminan siendo destruidas por el mismo concepto de socialdemocracia impulsado por Colom y su combo.
Por su parte, los padres de familia y los pacientes no podrán exigir a los servicios estatales ningún tipo de calidad porque comprenderán que lo gratis es, al final del día, inexistente.
Y serán esos, los supuestos beneficiados con la gratuidad quienes gratuitamente construirán la caja dentro de la cual será enterrada la socialdemocracia.
El servicio más caro es el que no se presta, es al que no se tiene acceso, y el que, a pesar de mucha publicidad y propaganda, no llega a los necesitados.
Las cosas y los servicios gratuitos tienen también un impacto psicológico en las personas: No son apreciados.
La carga del desprecio de lo gratuito lo llevarán los servidores públicos, y esa tensión entre “despreciados y despreciadores” hará crecer el divorcio existente entre Estado y Comunidad.
De hecho, será tal la separación “entre servidos y servidores” que el siguiente paso lógico será dejar en manos totalmente de los comunitarios los servicios de educación y salud. Tal vez ese sea un efecto positivo de la fallida gratuidad, y por fin se puedan descentrar.
Pero la gratuidad, tan defendida por Colom en su propaganda, ha recetado al Estado una carga que, “malo que bueno”, la compartían con la comunidad.
En tiempos de crisis económica, lo menos que necesita el Estado, entendido como el responsable primario de suplir constitucionalmente las demandas básicas de educación y salud, es más cargas que no puede llevar. A Colom y a Rafael Espada les falló el realismo político y financiero.
Y de la tan sonada gratuidad se infiere un aumento en los impuestos pagados, para variar, por los mismos. Si no es así, no sé cómo saldrán exitosos en el programa de gratuidad sin tener el soporte financiero del aumento de impuestos.
Ya veo la propuesta de elevar el IVA, de 12% a 15%, en nombre de la gratuidad y de la solidaridad. Ya veo también la lista de préstamos entrando en el Congreso, en nombre del “beneficio de las grandes mayorías desposeídas”.
La gratuidad es demagogia y engaño, porque al final de la historia son los más pobres los que terminan pagando con más pobreza los inexistentes servicios sociales gratuitos.
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