Venezuela: Introducción al racismo
Si una lección queremos de los efectos del racismo —que es en realidad prejuicio—sobre un grupo étnico, pues, hey, he aquí Venezuela y la permisividad del estado chapista para que ataquen lugares privados de adoración de la fe judía. |
Esperaría, dada la gravedad del caso, que de la Organización de Naciones Unidas (ONU) y de la Organización de Estados Americanos (OEA) salgan sendas condenas para los actos racistas en Venezuela.
El silencio haría cómplices a la ONU y la OEA en tan deleznable hecho contra un grupo por causa de su etnicidad.
Una cosa es estar contra la política pública del estado de Israel, y otra muy diferente contra la espiritualidad de un grupo, que, como otros, y de acuerdo con los fundamentos de Derechos Humanos (de primera generación) tienen toda la libertad de profesar sus creencias sin coerción ni privilegios, sea en Guatemala, sea Venezuela o Irán.
Pero dados los hechos y las decisiones del dictador de Venezuela, no me sorprendería que las acciones contra sinagogas en ese sureño país estén aún presuntamente avaladas por el mismo Gobierno, el cual, pues, ya se había ensañado contra los diplomáticos del estado de Israel.
En su seminal libro El Espacio del Racismo, Michel Wieviorka explica el racismo “como ideología”, la cual, obviamente, puede ser adoptada por los estados nacionales y, en consecuencia, establecerse como “política pública”.
Explica Wieviorka: “Ante un racismo más o menos institucionalizado en estados o fuerzas políticas y, más en particular, ante un antisemitismo que constituyó el centro mismo de la experiencia del Tercer Reich, el movimiento de las ideas también se orientó hacia análisis políticos del fenómeno, percibido entonces como una ideología de altos vuelos o, al menos, como un pensamiento mítico que daba consistencia a la acción política”.
Otro ejemplo reciente en Latinoamérica, olvidado ya por los mismos nicaragüenses, fueron los ataques contra las poblaciones indígenas de la Costa Atlántica de Nicaragua, la cual terminó dividiendo a la vecina nación en Regiones autónomas. Los mismos sandinistas no están libres de racismo contra su propia gente, por eso no sorprende que su línea en el caso de Israel vaya en tono con Hugo, el Furor Chávez.
Como sea, y siguiendo la explicación de Hannah Arendt acerca de los orígenes del totalismo, tampoco sorprende que los dictadorzuelos tercermundistas, sea en Irán, en Venezuela, o en Nicaragua, muestren destellos de racismo antisemitista.
Todo dictador es, por definición, racista, y sustenta su propuesta de racialidad en argumentos políticos antidemocráticos, antihumanos, antiprogreso.
Los venezolanos no son, como pueblo, racistas. Esa es una gran nación, cuyo caudillo shamanista, ése sí, quiere sentirse todopoderoso actuando contra un grupo étnico, y en su pasión es seguido por otros como Daniel y Evo, que le hacen coro en un mundo donde comprendemos cada día más y más las bondades de las relaciones interculturales, como lo explica Will Kymlicka.
Pero el mismo cacique de Caracas no es más que un títere de Teherán. Que él sea lo que quiera ser, el problema es que no sólo quiere quemar Venezuela, sino también influir en toda región.
Que el mal no se contagie.
- 23 de enero, 2009
- 28 de marzo, 2025
- 28 de marzo, 2025
Artículo de blog relacionados
BBC Mundo Una semana cumple en Cuba Hugo Chávez y de su estado...
18 de diciembre, 2012- 9 de enero, 2013
República, Guatemala El siglo XXI proyectado como el de la democracia plena en...
13 de marzo, 2023El Remesero Seis meses después de que fueran anunciadas, el gobierno de Washington...
26 de julio, 2008