¡No más impuestos!
Subiendo o creando impuestos no generarán mayores ingresos para el Gobierno. El resultado será lo opuesto.
A la matrícula de vehículos, a aumentar el IVA, al paso por las aduanas, etc., es esa propuesta que llaman hoy “modernización tributaria”. Ni modernización, ni tributaria, porque ya se le está cayendo la recaudación al Gobierno, y ni con viagra la van a levantar.
La propuesta de elevar los impuestos existentes y crear nuevos ha caído como el más reciente susto que los gobernantes nos recetan en medio de una crisis económica que ha mermado el consumo, ha quitado poder adquisitivo a la moneda, y ha hecho de Guatemala y los guatemaltecos ciudadanos más pobres.
La lógica de quienes proponen más impuestos es puramente política. La lógica de quienes pasamos por los aguaceros de la crisis es puramente económica. Y nunca una solución política ha resuelto un problema económico, sino al contrario, un problema político sí ha sido resuelto aplicando los sanos y correctos principios de economía.
Subir los impuestos y crear nuevas cargas tributarias es una propuesta que no ha tomado en cuenta los niveles de baja que han tenido las ventas de productos y servicios, y el aumento en los costos.
Quien cree que subiendo impuestos y creando nuevos generará mayores ingresos para el Gobierno está equivocado. Y tan equivocado que el resultado que verá será el opuesto. De hecho, repito, ya cayó la carga tributaria, y el anuncio de nuevos impuestos sólo acelerará esa caída.
Pedir nuevos impuestos es reasignar recursos que, por ejemplo, se tenían contemplados para inversión privada, y darlos a quienes no han probado ser buenos administradores de esos recursos, o sea, la gente del Gobierno.
Digámoslo como es. En el Gobierno lo que existe es gasto, no “inversión”, de recursos que ellos no han generado, sino que sólo han confiscado por medio de leyes tributarias.
De hecho, en circunstancias de crisis lo recomendable es bajar y eliminar impuestos para que los ciudadanos tengan más recursos en los bolsillos y en sus cuentas, y eso se convierta en capital de inversión. Eso es muy elemental.
Seguir dándole de comer al monstruo estatal no es sabio, ya que sólo crece su obesidad, y a más obesidad más peligrosidad, porque nos puede aplastar, porque no puede correr a los delincuentes —quienes sí son esbeltos—, y tampoco más alimento al monstruo garantiza que le funcionará mejor la cosa, aquella cosa, para echarse a medio mundo. Valga la metáfora.
Si no me cree, mire cuánto se han aumentado cada año los presupuestos de salud y educación, o de agricultura y seguridad, y no por eso estamos mejor en esas cuatro áreas.
El problema social que se le presenta al monstruo es uno explosivo, porque nos pide dieta a los ciudadanos pero él no la hace.
El mejor escenario (de los males el menor) es que no toquen los impuestos como están, no porque sea ese el “mejor” cuadro, sino porque cuando el monstruo toca algo tiene la desgracia de digerirlo y hacerlo heces.
El otro camino que nos queda es la “Desobediencia Civil”. Sí, hay un camino, con riesgo, peligros, y altos costos, pero con resultados a largo plazo. No lloremos mañana como cobardes lo que no pudimos defender hoy como valientes.
- 23 de enero, 2009
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