Guatemala: Mentiras de los ecologistas radicales
Muy obedientes y no deliberantes, los autodenominados “ecologistas” criollos recurren a una serie de falsedades, distorsiones y exageraciones de la realidad para avanzar una agenda que para ellos representa millones de euros y dólares en financiamiento de sus ONG.
De hecho, me ha sorprendido cómo todas y todos (por eso del género) danzan al ritmo del ya famoso “Manual de Resistencia Ecológica” –un extreme makeover del otrora “Manual de Resistencia Guerrillera” y hermano verde ultrachic del “Manual de Resistencia Campesina y Sindical”-, y lo toman como la Biblia misma. Hasta sectores de la minoritaria Iglesia Católica Romana (porque mayoría ya no es) enverdecieron la Catequesis, y entre exégesis, hermenéutica, y teología, hicieron de la escatología una serie de desastres apocalípticos.
Y entre los autodenominados ecologistas y los curas enverdecidos, pasando también por quienes conocí como mis líderes indígenas, y ahora, ¡oh sorpresa!, también me resultaron líderes ecologistas (huy, lo que hacen mis líderes para seguir viviendo de la cooperación internacional), se ha trenzado, no el futuro, sino una serie de mentiras que, repetidas de manera continua, pasan a ser “hechos” admitidos como ciertos, y luego alimentan los temores y los terrores.
Por esas mentiras avanza la “resistencia” hacia hidroeléctricas, petroleras, mineras, cementeras, fábricas, y todo lo que sea “megaproyecto”. De hecho, ya se preparan los eco-listos para la “resistencia” a la construcción de la Franja Transversal del Norte, y lo harán de acuerdo con el Manual.
He aquí algunos jugosos ejemplos de las mentiras de los ecologistas. Durante la manifestación reciente contra la fábrica de cemento en San Juan Sacatepéquez, los participantes tenían instrucción precisa de decir que “la cementera estaba matando sus siembras”. Sin embargo, la tal fábrica todavía no ha sido construida.
O la repetición constante de falsedades como “sólo dejan 1% y se llevan el 99%”, mentira que hasta líderes religiosos católicos romanos han repetido desde el mismísimo ambón, y que su repetición constante la ha llevado a ser creída como verdad, y convencer a los fieles que petroleras, hidroeléctricas, o mineras no pagan otros impuestos como IVA, ISR, IGSS, etc.
En otro jugoso ejemplo de las mentiras ecologistas, una “columnista” de otro diario explicaba recientemente que una empresa minera tenía el 85% (¡!) del territorio de un municipio, lo cual es falso al revisar las licencias otorgadas por el Ministerio respectivo.
O qué decir de “resistencia” más malvada como hacer campaña contra la construcción de una hidroeléctrica, engañando a los comunitarios que “sus hijos serán sacrificados” por la empresa. O la oposición delincuencial que tuvo en Sololá durante el traslado de un cilindro perteneciente a una empresa minera, so pretexto de que “con ese tubo van a sacar toda el agua del Lago de Atitlán”.
Y el invento de una megaculebra que está debajo de un río, y que de construirse la hidroeléctrica la supervíbora será despertada y matará a toda la aldea.
Después de socializada la mentira, entonces se hace “consulta popular”. Donde pasen los ecologistas radicales y mentirosos sembrarán tensión, odio e ingobernabilidad.
- 23 de enero, 2009
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