Guatemala: ¿Evangélicos y católicos están parejos?
He sido, creo, el único columnista que desde hace años ha dicho que Guatemala tendrá un cambio religioso sin precedentes en la historia mundial, ya que será pacífico, sin imposición “colonial”, y el resultado de un proceso misionero lento, pero efectivo, que ahora usa los mass media como base de socialización, y que enfoca hacia la juventud sus mensajes clave, al mismo tiempo que compite contra una iglesia (católica romana), no sólo en decadencia, empobrecida intelectualmente, y deshidratada espiritualmente, sino cuya cúpula ha priorizado la praxis política sacrificando el crecimiento personal, por ideas oscurantistas y medievales de oposición vehemente al desarrollo.
Y no discutiré aquí los porcentajes, eso lo he hecho ya en otros artículos, pero sí señalaré que la Iglesia Católica romana ha sido derrotada en Guatemala, o, mejor dicho, autoderrotada en el corazón de lo que solía ser su zona de confort. De hecho, el domingo recién pasado (9 de agosto) el diario Prensa Libre publicó un debate acerca de los porcentajes.
“Todos los imperios son derrotados por dentro”, y la veloz caída del catolicismo romano en Guatemala demuestra esa premisa. Es ya un proceso de dominó, y una vez se está dando la caída en Guatemala, será cuestión de tiempo para que ocurra en los siguientes países, digamos Centroamérica, y entonces veremos ese shift religioso de “repetidas caídas” en toda la región.
Por eso, para los analistas y estrategas católicos romanos es importante analizar cuáles son las causas de esa derrota, y el impacto global de ese hecho. El equipo de Juan Pablo II sí tuvo la visión estratégica y de ahí sus tres visitas papales a Guatemala. Se hace urgente, quizá, que el actual Papa visite Guatemala.
Pero malas noticias para Benedicto XVI, quien esperaría que su debilidad de opaca presencia global, fuese contrarrestada por fuertes liderazgos en regiones donde podía (en pasado) reclamar mayoría que hoy ya no existe.
Insisto: el catolicismo romano guatemalteco ha caído gracias a un liderazgo local con poca visión, de línea “política” (a veces cuasipartidista), más en oposición a algo, y siempre en los “negocios de este reino”, y menos en el campo del cumplimiento de la Gran Misión: “Id y haced discípulos”, y he aquí los resultados, un liderazgo ausente en la Iglesia, pero muy presente en los titulares de la vida secular.
Los números de “vocaciones” son igualmente paupérrimos. El liderazgo no invita a una renovación carismática, jubilosa, de avivamiento, sino que en ese celo político, expulsa a quienes quisieran servir a Dios desde la espiritualidad Católica, pero con visiones vanguardistas.
Que si la culpa la tiene el Protestantismo Evangélico Neo-Pentecostal. No. Echar culpas de una derrota anunciada a otra Iglesia sería reconocer más la autoderrota y las públicas debilidades internas.
Sería un muy apreciado y respetado acto de contrición y de humildad que el liderazgo católico romano guatemalteco reconozca sus superlativos errores internos, enmiende, regrese a la Grey de Dios, no use el Sagrado Altar para establecer política pública, y lea la Biblia.
Mientras tanto el protestantismo guatemalteco sigue “firmes y adelante…”
- 23 de enero, 2009
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