¿Se estará armando una gran ola?
El Modesto Delaware fue el primer estado en ratificar la Constitución, pero desde entonces no ha dado grandes quebraderos de cabeza. Podría, sin embargo, formar parte de una tendencia dentro de un año, gracias a un descendiente directo de Benjamin Franklin.
El tatara-tatara-tatara-tatara-tataranieto del gran hombre, Mike Castle, un congresista de Delaware de 70 años de edad en su noveno mandato, será el año que viene el candidato Republicano a ocupar el escaño que ha pertenecido los últimos 36 a Joe Biden. Los demás éxitos de la cosecha de candidatos Republicanos y éste hacen razonable que los Republicanos esperen que en enero de 2011 el Senado contenga menos de 60 Demócratas.
El escaño de Biden está actualmente ocupado por un ex integrante del gabinete de Biden que, en interés de la antigua noción de que los cargos públicos deben ser patrimonio familiar, hará el mutis cuando Beau, el hijo de Biden de 40 años, se presente. Él es fiscal general del estado y acaba de regresar de Irak con su unidad militar de la Guardia Nacional. Delaware no ha elegido un senador Republicano desde 1994, pero Castle, que nunca ha perdido unos comicios, se ha presentado en todo el estado 12 veces: A teniente del gobernador una vez, dos a gobernador y nueve veces al único escaño en el Congreso que tiene el estado. En las últimas cuatro elecciones logró un promedio del 65 por ciento de los votos.
En 2010, cada partido defenderá 19 escaños en el Senado. El elevado número que suponen los 38 refleja el hecho de que seis de los 100 senadores titulares hoy fueron nombrados, no elegidos en las urnas – uno por cada uno de los estados de Massachusetts (el sustituto de Ted Kennedy), Nueva York (el de Hillary Clinton), Illinois (el de Barack Obama), Colorado (el reemplazo de Ken Salazar, que pasó a ser Secretario de Gobernación), Florida (el reemplazo de Mel Martínez, que dimitió) y Delaware.
En Colorado, donde los Demócratas han ganado los dos últimos comicios al Senado, el Demócrata designado, Michael Bennet, se enfrenta a un desafío en las primarias, Andrew Romanoff, un ex presidente de la Cámara estatal. Molesto porque el gobernador no le nombró a él para reemplazar a Salazar, Romanoff rechazó la petición de un futuro ganador del Premio Nobel de la Paz de que no desafiara a Bennet. El candidato Republicano puede ser una ganadora a nivel estatal – Jane Norton, que fue teniente de la gobernación.
En Illinois, que no ha elegido un senador Republicano desde 1998, el favorito por la nominación Republicana es Mark Kirk, un congresista durante cinco mandatos salido de los suburbios de Chicago, donde con frecuencia se deciden las elecciones en todo el estado. Molestó a su partido votando a favor de la legislación de intercambio de emisiones, pero en cierta medida pidió perdón.
El senador de Connecticut Chris Dodd, en busca de un sexto mandato, tiene un índice de popularidad del 43 por ciento y ha derrotado a varios aspirantes Republicanos serios. Cualquier titular con un índice de aprobación por debajo del 50 por ciento debería estar inquieto; el de Harry Reid, de Nevada, está por debajo de 40 puntos.
Tres escaños ocupados por Republicanos están actualmente en peligro – Missouri (Kit Bond se marcha), Ohio (George Voinovich se marcha) y New Hampshire (Judd Gregg se marcha). Pero los Republicanos tienen candidatos fuertes en cada estado: En Missouri el Representante Roy Blunt, coordinador del grupo en la Cámara; en Ohio Rob Portman, ex congresista, jefe de la Oficina de Gestión y Presupuestos y adjunto de Comercio; en New Hampshire una posible candidata, la ex fiscal general del estado Kelly Ayotte, que actualmente lleva ventaja a su probable contrincante Demócrata.
En cuanto a las elecciones a la Cámara, son posibles importantes victorias de los Republicanos. Como señala el analista Charles Cook, 84 Demócratas de la Cámara representan a distritos que o bien se decantaron por George W. Bush en 2004 o por John McCain en 2008, y 48 de esos distritos electorales votaron a Bush y McCain. Éstos y otros titulares inquietos saben que la cifra de aprobación de la labor del Congreso es del 22 por ciento.
Mucho puede cambiar, nacional y localmente, antes del 2 de noviembre de 2010. Pero lo más destacado políticamente es poco probable que cambie: el elevado desempleo. The Wall Street Journal informaba recientemente de que la economía, que ha perdido 7,2 millones de empleos desde que comenzara la recesión en diciembre de 2007, tendría que crear 100.000 puestos de trabajo al mes para alcanzar el crecimiento de la población. José Séneca, un economista de Rutgers, estima que incluso si la creación de empleo alcanzara inmediatamente el ritmo de la década de los 90 – una media de 2,15 millones de empleos en el sector privado creados al año, el doble del ritmo de 2001-2007 – la tasa de desempleo no se reduciría al 5 por ciento hasta 2017.
El dato del paro de septiembre en el 9,8 por ciento fue el peor desde junio de 1983. Pero un fuerte crecimiento comenzó entonces y sólo 17 meses más tarde, Ronald Reagan estuvo a 3.800 votos en Minnesota de triunfar en los 50 estados. Reagan, sin embargo, redujo el peso del gobierno – impuestos, regulaciones – en la economía. Obama lo está aumentando.
La posibilidad de victorias Republicanas, especialmente en el Senado, ayuda a explicar por qué Obama tiene tanta prisa por reconstruir el país y salvar el planeta. Su margen de oportunidad podría estar cerrándose.
© 2009, Washington Post Writers Group
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