Salvando empleos (Demócratas)
Como presidente de Harvard, Larry Summers, economista y ex secretario del Tesoro, era como el león de un pozo de apacibles cristianos. Los profetas Daniel del claustro, amor propio herido por la puntual irascibilidad de él, conspiraron y le declararon el malo. Enfrentándose a una moción de censura del claustro, dimitió.
Ahora es el principal asesor económico de Barack Obama. Así que, cansado de que John Boehner, el secretario de los Republicanos en la Cámara, hiciera leña del creciente paro, Summers le remitió un escrito. En él decía, como de forma constante dicen Obama y sus secuaces, algo que podría servir de texto en las felicitaciones de Navidad de la Casa Blanca: Por lo menos no somos George Bush, algo es algo. Summers decía que Obama "se compromete a no repetir los errores fiscales de los últimos ocho años".
La carta, al igual que su autor, es incisiva e inteligente. Señala que la creación de empleo fue mucho mayor durante los ocho años Clinton — una media de 225.000 empleos al mes — que entre noviembre de 2001, final de la última recesión, y diciembre de 2007, comienzo de la actual, cuando la media mensual era de apenas 94.000 empleos. Y Summers recuerda con sequedad a Boehner que en el año 2003, el Congreso controlado por los Republicanos aprobó una nueva prestación a las recetas médicas "que no fue compensada ni por los recortes del gasto ni por las subidas fiscales" y que durante su primera década de implantación costará más de un billón de dólares, incluyendo los intereses del necesario endeudamiento.
Pero hablando de prestaciones médicas no capitalizadas: Los ceños fruncidos en Washington que en la actualidad expresan falsa perplejidad en torno a cómo se va a financiar la nueva prestación sanitaria — también conocida como "reforma" — son teatrales. No tiene ningún misterio. La nueva prestación se va a sufragar, en un grado importante, como se sufraga gran parte del gobierno — endeudándose con China.
Los Republicanos resultan operísticos siempre que simulan tomarse en serio, para poder indignarse, el plan expreso de los Demócratas encaminado a pagar la versión de reforma del Senador Max Baucus que recorta 400.000 millones de dólares por lo menos de los presupuestos de Medicare. Los partidarios del proyecto de ley Baucus son culpables de muchas cosas, pero en lo referente a dichos gastos, no de falta de sinceridad. El Congreso promete con regularidad acometer recortes en Medicare, y con la misma regularidad los aplaza.
Hoy en día, Washington habla rutinariamente de billones, como al hablar de: El déficit multibillonario de este año. Y los 9 billones de dólares en déficit proyectado durante más de 10 años. Y los más de 1,8 billones de dólares que "el plan de 829.000 millones de dólares" de Baucus va a costar realmente durante los 10 primeros años (2014-23) en los que sus disposiciones estarán plenamente implantadas. Pero la cifra ante la que Washington se estremece de verdad es 999.999.997 dólares inferior a un billón de dólares. Es: 3.
Muchos Demócratas están seguros de que el creciente paro significa que la nación necesita un "segundo" estimulo — pero que tendrían que llamar de otra manera porque sería el tercero. El primero fue aprobado en febrero de 2008, 2 meses después de iniciada la recesión. Su devolución fiscal que salió por 168.000 millones de dólares no estimuló nada porque los sobreendeudados estadounidenses se ahorraron perversamente gran parte de ella.
Admitir que existió el primer estímulo complica la tarea de justificar el tercero, teniendo en cuenta que el segundo — la aberración de 787.000 millones de dólares que atravesó el Congreso en un visto y no visto el pasado febrero — no ha sido el éxito que sus defensores dijeron que iba a ser. La administración predijo que si se aprobaba el Estímulo II, el paro no superaría el 8,5%. En la CNN el 9 de febrero, Summers era preguntado por el plazo en que los estadounidenses "verían los resultados, la creación de puestos de trabajo." Summers, respondía, "Se verán los efectos con efecto casi inmediato," empezando por "los despidos que de lo contrario habrían tenido lugar". La formulación de Summers se parecía a las distintas declaraciones presidenciales, como su objetivo "de crear o salvar" 600.000 puestos de trabajo en 100 días y hasta 4 millones de empleos en 2010, y el anuncio de que a partir de junio, el Estímulo II había "creado y salvado" 150.000 puestos de trabajo.
Las afirmaciones de que las cosas irían mucho peor si el Estímulo II no hubiera sido aprobado no pueden ser refutadas porque se basan en estimaciones hipotéticas de la cifra de puestos de trabajo "salvados". Debido a que esa clase de puestos de trabajo no se pueden cuantificar, las afirmaciones son infalibles y analíticamente inútiles. Son, quizá, provechosas para la administración en el sentido de difuminar el inconveniente dato de que desde que se aprobara el Estímulo II, la tasa de paro ha crecido del 8,1% al 9,8%, y de que probablemente supere el 10% pronto.
Pero este año se va a gastar la cuarta parte del Estímulo II. Otra cuarta parte se gastará en 2011. La mitad se gastará en 2010, año electoral. Lo que sugiere que el Estímulo II está diseñado, igual que lo estará el Estímulo III, sobre todo para salvar unas cuantas docenas de puestos de trabajo — los de los miembros Demócratas del Cámara y el Senado.
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