Una revolución para el sistema previsional de Guatemala
Escribo estas líneas desde el hospital adonde entré de emergencia la semana pasada y estoy ya en el período de estabilización y recuperación. Estos días aquí, en esta magnífica institución, son tan diferentes, recuerdo, a los días que vi a mi hermano morir, tirado en el corredor de un hospital del Instituto Guatemalteco de Seguridad Social (IGSS) en la zona 9, de donde él no quiso salir porque él decía que había pagado por años, y que para eso, para que lo cuidaran, había precisamente “pagado igss”. Y “pagando” murió.
Cierto, estar en un hospital es una experiencia que nadie quiere, pero que como parte normal de nuestra existencia, y de nuestro desarrollo, debemos tomar esta experiencia como natural. Por supuesto que ir al IGSS fue la semana pasada una opción para mí, pero la cual, gracias a un seguro que me esfuerzo por pagar puntualmente, puedo evitar, y evitaré mientras pueda. No lo sé, tal vez muera en el IGSS, o tal vez ellos me salven algún día la vida, pero mientras esté en mis posibilidades evitaré el fracasado y colapsado sistema previsional guatemalteco.
Vi a mi hermano varias semanas sobre una cama destruida, con sábanas raídas, manchadas, dejado él a su suerte, o a lo que nosotros su familia pudiésemos hacer. Mi dolor más grande, aparte de su muerte, hasta hoy, es su dignidad, la cual fue tratada como basura, y lo peor, él no estaba solo, sino acompañado de cientos de hombres hacinados en un “hospital” (?) que más podría compararse con un campo de concentración, o algún lugar en Haití, pero algo muy lejos de un hospital, y por lo cual, según él, había “pagado igss” por años.
En recuperación hago esas “recordaciones” y esas comparaciones, porque siempre me he preguntado por qué los trabajadores somos obligados a “cotizar” al IGSS, y al mismo tiempo, sabiendo del pésimo servicio de ese ente “estatal”, nos vemos en la necesidad, en la urgencia, de comprar un “seguro privado”, lo cual es una “doble tributación.” (Lo mismo sucede con las escuelas estatales, o la universidad estatal.) Por qué no, pregunto, como trabajador, puedo disponer de mi dinero que por ley debo dedicar a un sistema previsional y lo utilizo en el IGSS, como primera opción, pero si no quiero cotizar ahí, por qué NO puedo acudir a un sistema previsional privado utilizando, como empleado, ese mismo dinero.
Mi propuesta no es cerrar el IGSS. Habrá gente que lo considere como su mejor opción, y esa libertad debe ser respetada. Mi propuesta es la de poner al IGSS a competir con otros sistemas previsionales. Mi propuesta incluye quitar la “obligatoriedad” de “el pago del igss”, y dejar en libertad al trabajador a que cotice donde quiera.
Mi propuesta incluye también que cada trabajador tenga una “libretita”, o se le asigne un código digital —como una cuenta de ahorro— y él o ella pueda saber mes a mes cuánto “le ha pagado al igss.” Hoy desde este magnífico hospital (Universitario Esperanza para más señas) creo que lo podemos y lo debemos hacer.
Que los trabajadores recuperemos nuestra libertad de decidir en cuál sistema previsional cotizamos.
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