EE.UU.: Llega el IVA nacional
Con la aprobación del Obamacare, que engendra una enorme prestación de clase media nueva, la aparición de un impuesto nacional sobre la venta del estilo casi universal de Europa es inevitable.
Estamos endeudados ya en concepto de 8 billones (trillion in inglés) de dólares. La Oficina Presupuestaria del Congreso proyecta que se sumarán otros 12 billones (trillion) de dólares a lo largo de la próxima década. El Obamacare, una vez despojado de sus trucos contables presupuestarios – la corrección sin fondos de más de 200.000 millones de la compensación de los profesionales de Medicare, la doble contabilidad de los recortes de Medicare, la prestidigitación del cómputo 10-6 (contabilizar 10 años de recaudación fiscal y sólo 6 de descubierto) — cuesta como mínimo 2 billones de dólares.
Elevará la deuda considerablemente. Pero hasta si fuera fiscalmente neutral, el Obamacare se anticipa y se adjudica los recursos más inmediatos y abundantes de reducción del déficit existentes. Los 500.000 millones de dólares en recortes de Medicaid del Obamacare y los 600.000 millones de subidas tributarias ya no están disponibles para extinguir el déficit. Son desviados para la nueva prestación que asegura a los que no tienen seguro.
Esto es desastroso fiscalmente hablando porque, como explicaba el Presidente Obama en persona el año pasado al desvelar sus grandes políticas transformadoras, nuestro insostenible rumbo fiscal exige el control del gasto de la prestación, el más ruinoso de todos los gastos descontrolados de la sanidad.
El Obamacare fue vendido bajo la premisa de que, en palabras de Nancy Pelosi, "la reforma de la sanidad es la reforma del estado del bienestar. Nuestro presupuesto no puede seguir esta espiral ascendente de gastos". Pero el proyecto de ley aprobado el martes precipita la espiral: amplía Medicaid radicalmente (sumando 15 millones de beneficiarios/ afiliados dependientes nuevos) y saquea descaradamente Medicare gastando en una nueva prestación los 500.000 millones en recortes y el producto de la subida tributaria de Medicare.
Obama sabe que la detonación de la bomba de la deuda se aproxima, que Moody's advierte que la calificación triple A de la deuda pública corre peligro, que vamos directos a la devaluación del dólar y/ o la hiperinflación si no se hace algo.
De ahí su comisión para la reducción del déficit. Presentará sus conclusiones (¡sorpresa!) después de las legislativas de noviembre.
¿Qué recomendará? ¿Qué puede recomendar? Claro, la seguridad social se puede recortar drásticamente elevando la edad de jubilación, implantando evaluaciones de tratamientos y alterando la fórmula de indexación del crecimiento salarial con respecto a la inflación de los precios.
Pero esto no va a bastar. Como Obama ha insistido repetidamente, el dinero real está en el coste sanitario – que ahora está fijo gracias a los nuevos mandatos del Obamacare.
Ahí es donde entra en escena el impuesto del valor añadido. Para el político, tiene la virtud de la conveniencia: la gente está acostumbrada a los impuestos sobre la venta, y este produce un aluvión de recaudación. Cada 1 por ciento de IVA producirá hasta un billón (trillion) de dólares a la década (dependiendo de lo que excluya – si se excluyen los alimentos de primera necesidad, por ejemplo, la recaudación sería más bien del orden de 900.000 millones dólares).
Es la gallina de los huevos de oro definitiva. Obama la necesitará. Mediante la implantación de la sanidad universal, ha logrado por la mínima la mayor ampliación del estado del bienestar en cuatro décadas. Y la más cara. Que es por lo que toda la Unión Europea tiene el IVA. IVAs enormes. Alemania: el 19 por ciento. Francia e Italia: 20 por ciento. La mayoría de los países escandinavos: el 25 por ciento.
Los izquierdistas estadounidenses se han quejado desde hace tiempo que el nuestro es el único país industrializado sin atención médica universal. Bueno, ahora la vamos a tener. Y a medida que nos acercamos a los niveles europeos de derechos sociales, necesitaremos los niveles europeos de tributación.
Obama se propuso ser un presidente consecuente, de la esfera de Ronald Reagan. Con el IVA, el triunfo de Obama será completo. Habrá logrado invertir el Reaganismo. Los izquierdistas denuncian desde hace mucho que la estrategia de Reagan consistía en matar de hambre a la bestia (de lo público) a fin de reducir su tamaño: se bajan los impuestos primero – a continuación no queda otra que reducir el gasto público.
La estrategia de Obama es exactamente la contraria: ampliar la bestia, y luego cebarla. Gastar primero — lo cual obliga a gravar. Ahora que, con la implantación de la sanidad universal, nos estamos convirtiendo en el estado del bienestar en toda regla, habrá que dar de comer a la bestia.
Y el IVA es el único canal de creación lo suficientemente grande.
Como sustituto del impuesto sobre la renta, el IVA sería una idea estupenda. Gravar el consumo tiene mucho más sentido que gravar el empleo. Pero para alimentar el proyecto socialdemócrata progresista, el IVA tiene que ser añadido al impuesto sobre la renta.
En última instancia, ni siquiera eso será suficiente. A medida que envejece la población y la sanidad se encarece paulatinamente, la única manera de evitar la ruina fiscal (como Gran Bretaña, por ejemplo, ha descubierto) es el racionamiento de la atención sanitaria.
Llevará un tiempo convencer a la población estadounidense de la conveniencia de esa idea. En el ínterin, prepárese para el IVA. O empiece a combatirlo.
© 2010, The Washington Post Writers Group
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