Chile: El enigma Bachelet
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No cabe duda de que la popularidad de la ex Presidenta Bachelet -que se proyecta a su gobierno en áreas claves como la economía, según la última encuesta CEP- constituye un fenómeno que aún sigue huérfano de teoría.
Se han ensayado diversas explicaciones: unas francamente reduccionistas y perezosas intelectualmente que asimilan el fenómeno a la mera simpatía personal ("cariñocracia") y otras más rebuscadas que han recurrido a un sicoanálisis de manual para fundamentar una supuesta conexión con el mito de la madre protectora y sacrificial.
Sin descartar estos factores, tal vez se puedan ensayar explicaciones un poco más simples y racionales: su liderazgo nació, y todo indica que se ha mantenido así, sobre uno de los nuevos clivajes de la política chilena, de tipo horizontal y que ha alejado al ciudadano del establishment político. Así, el liderazgo de Bachelet no parece verse afectado por la desconfianza que de manera creciente se ha instalado sobre la política y los políticos. Esto no es necesariamente una buena noticia, porque significa que su capital político no es fácil invertirlo ni conectarlo con un fortalecimiento de la institucionalidad política.
Pero su popularidad no ha sido sólo eso: es notorio que el liderazgo de Bachelet caló en las mujeres transversalmente (algo así como: "Ser mujer y no estar con Bachelet es una contradicción hasta biológica", parafraseando un encendido discurso) y por un conjunto de políticas sociales simples, pero que lograron entrar a la casa de los chilenos: una pensión básica, salas cuna, bonos, gratuidad de algunos medicamentos y reducción de costos de salud (le tocó cosechar el Auge), expansión de la educación preescolar, etc.
Por último, en medio de las procelosas aguas de sus primeros dos años de administración, la ex presidenta se refugió sabiamente en la condición de Jefa de Estado (más que jefa de gobierno o de coalición) y desde allí actuó como factor de unidad, convocando a comisiones presidenciales y adquiriendo un protagonismo internacional relevante. También, logró patentar el concepto de "protección social" y sortear una crisis económica internacional de proporciones.
¿Fue un gobierno perfecto? Claro que no, algunas cosas se hicieron mal y varias otras dejaron de hacerse. Pero ahora poco importa: la CEP ha reposicionado a Bachelet y ha dejado con tarea para la casa tanto al gobierno como a la oposición.
Para el primero, lo más claro es no seguir embarcado en el año del Bicentenario, consumiendo el poco tiempo que tiene, en asumir un tono persecutorio contra la ex presidenta y sus partidarios. Por esas paradojas que envuelven a la política, la obsesión con la ex mandataria puede transformar al gobierno y al oficialismo en el "jefe de campaña" del retorno de ésta a La Moneda en 2014.
Para la oposición, la tarea tampoco es menor: la última elección demostró que la popularidad de Bachelet no es endosable a cualquier proyecto y estrategia. También, existe una parte del proceso reconstructivo de la centroizquierda que sólo la pueden asumir los partidos, los parlamentarios y la sociedad civil. Pero de esto último, por ahora, se ven sólo tanteos, mucha parsimonia y discretos resultados.
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