Colombia: La claves del gobierno Santos
Bogotá. - Juan Manuel Santos no ha escondido cuáles van a ser sus cartas a la hora de gobernar durante los próximo cuatro años. Su proyecto político va a dar continuidad a mucho de lo desarrollado por Álvaro Uribe pero a la vez va a introducir cambios y aspiraciones propias.
Tanto en la campaña electoral como en estos meses de formación del gabinete e inicio del traspaso de poderes, Santos he dejado claras sus prioridades: gobierno de unidad nacional, continuidad con respecto a la uribista política de Seguridad Democrática frente a las Farc, fuerte estímulo a la economía, ampliar la inserción internacional de Colombia y mejorar las relaciones con los vecinos.
Un nuevo estilo
El cambio que supone Juan Manuel Santos empieza por algo tan epidémico, pero tan importante algunas veces, como el estilo de gobernar. Se trata de un hombre más dialogante y menos “frentero” que el de Álvaro Uribe: ”yo no soy Uribe. Y si los colombianos están cansados de un determinado estilo de gobernar, en eso pueden quedarse tranquilos, porque yo tengo el mío propio”.
Ese nuevo estilo se traducirá en una apuesta por el gobierno de coalición (“unidad nacional”): “quiero consolidar mi idea de un gobierno de unidad nacional, con el apoyo de Cambio Radical, los conservadores y algunos votos liberales (podemos) firmar ese gran gobierno de unidad…. No es difícil ponernos de acuerdo”. Otra apuesta será la de disminuir el personalismo uribista a la hora de gobernar: “el trabajo en equipo, para mí, es fundamental….los ministros son, y deben ser, fusibles. Los que no den resultados tienen que irse, por norma”.
Frente al liderazgo caudillista (y en algunos casos populista) de Uribe, Santos será mucho más institucional y menos dado al contacto directo con los ciudadanos: “los consejos comunales son una forma de poner en práctica un gobierno participativo, que es algo irreversible. El principio de discutir con la gente es sano para un gobierno. La forma de hacerlo no necesariamente son los consejos comunales, puede ser a través de otro tipo de reuniones”.
La paz institucional
La política interna se basará en ese gobierno de coalición y en restablecer la paz entre las instituciones. Poner fin a lo que se llamó “choque de trenes” entre Uribe y las cortes de justicia. Ese conflicto, entre institucional y personal, puso en riesgo la estabilidad del país y Santos ya ha empezado a ponerle solución.
Se ha reunido con las cortes y les ha mandado un mensaje muy claro: “no puede haber un divorcio entre el Ejecutivo y la Rama Judicial. Eso no es sano para el país… (hay que) trabajar con armonía, de forma coordinada. Les expresé ese símil que yo he usado tanto del arado: la democracia es como un arado, jalonado por tres bueyes, los de los poderes públicos. Los bueyes tienen que ser más o menos del mismo tamaño, caminar más o menos a la misma velocidad y, sobre todo, en la misma dirección. Si no, la democracia no funciona… Habrá aspectos en los cuales podamos no estar de acuerdo, pero lo importante es tratar de llegar en forma concertada a todas esas decisiones”. Como afirmaba la revista Semana “La visita de Santos al Palacio de Justicia, apenas tres días después de su contundente triunfo en las urnas, más que un saludo protocolario era un acto simbólico para deponer los ánimos”.
Su ministro del Interior, Germán Vargas Lleras ha confirmado ésa como una de las prioridades de la gestión santista: ”Uno de los primeros actos de gobierno del presidente Santos será un encuentro con las altas cortes. La restauración empezó ya… Va por el mejor de los caminos. El ambiente no puede ser mejor”.
Frente a las Farc
Santos es un convencido de las virtudes de la política de Seguridad Democrática y se ha rodeado de hombres que están en esa misma línea: “defenderé la obra del presidente Uribe, su gobierno…Que oigan los terroristas y que oiga el mundo, a las FARC se les agotó su tiempo. Colombia está saliendo de su pesadilla del secuestro y la violencia; mientras insistan en sus métodos terroristas, mientras insistan en atacar al pueblo colombiano no habrá dialogo y las seguiremos enfrentando con toda la dureza, con toda la firmeza… el estado colombiano no puede renunciar a los rescates militares y no va renunciar nunca a la posibilidad de esos rescates…canje no va haber porque eso inmediatamente estimularía de nuevo el secuestro…No habrá canje ni tampoco pacto: no pactaré con las FARC mientras tengan rehenes”.
Desde el ministerio de Defensa comandó los principales golpes a la guerrilla (ataque al campamento de Raúl Reyes o la liberación de Íngrid Betancourt) y se transformó en la pesadilla de la guerrilla: “mantendremos un vigoroso esfuerzo de seguridad persiguiendo a los grupos terroristas, desarticulando las bandas criminales y combatiendo el negocio del narcotráfico que las sustenta”.
Ahora su labor estará apoyada por dos hombres que defienden la política de dureza y el no diálogo con la guerrilla: Germán Vargas Lleras en Interior y Rodrigo Rivera en el Ministerio de Defensa. Rivera mantendrá la lucha frontal contra las Farc (“He tenido una posición firme frente a todos los actores de cualquier procedencia, he mantenido una posición constante de respaldo a la Política de Seguridad Democrática. En los últimos años las decisiones políticas las adopté movido por la convicción de que el país no debía perder el rumbo”) y tendrá especial dedicación a combatir la escalada de inseguridad ciudadana en las ciudades.
Convertir a Colombia en el Chile del siglo XXI
Santos se ha propuesto que Colombia dé un salto cualitativo en el terreno económico. Que se convierta en una economía emergente que atraiga inversiones extranjeras y que éstas, unidas al esperado boom de las exportaciones, sirvan para cimentar la construcción de una Colombia próspera y moderna.
Durante la campaña explicó claramente su plan: ”el crecimiento no se da por generación espontánea como algunos creían. Se da identificando las fuentes de crecimiento y poniéndolas a funcionar. Hemos identificado cinco a las que llamamos las locomotoras: el campo, la vivienda de interés social y la infraestructura, sectores en los que estamos rezagados y en los que cerrando esa brecha le daremos un gran empuje a la economía. Las otras dos son la innovación y una que está marchando a todo vapor, que es la minería y los hidrocarburos. Para cada una de ellas tenemos un plan concreto”.
Sin subir impuestos y respetando una estricta regla de gasto fiscal (ahorrar el 0,5% de lo que se ingrese), Santos aspira a liderar un proceso en el cual Colombia eluda la “enfermedad holandesa” y el gobierno estimule la economía: construcción de infraestructuras, poner fin al déficit habitacional, mejoras en el deprimido medio rural.
Santos y su ministro de Hacienda (Juan Carlos Echeverry) quieren a obtener mayores ingresos gracias a la reducción de las exenciones de la minería y a la formalización de empleo (que produciría nuevos ingresos en salud y en pensiones) y el ahorro por intereses de la deuda ( los ingresos por el petróleo permitirán hacer un fondo, del cual se pagará parte de la deuda externa). Las esperanzas de Colombia están cifradas en la bonanza petrolera y minera que se prevé que se produzca en los próximos años y que aumentaría las exportaciones de 5.000 millones de dólares, a 60 ó 70 mil millones.
Según Echeverry, “Con el boom minero y la bonanza que se espera que pueda venir en los próximos años, las regalías van a aumentar de manera sustancial, de manera que hay que cambiarle la gobernabilidad a esas regalías y esparcirlas en todo el territorio nacional y no sólo focalizarlas en ciertos sitios, además de darle un enfoque regional a ciertos proyectos que se necesitan para que el país crezca…Lo que se busca es que gastemos lo que es responsable y ahorremos para tiempos de dificultad”.
Por de pronto, sus dos primeros retos serán acabar con el déficit fiscal estructural que está alrededor del 4 por ciento y disminuir la apreciación de la moneda colombiana que sigue siendo la de mayor incremento frente al dólar en América Latina.
La deuda social
El gobierno de Santos recibe un país con una tasa de desempleo que supera el 12 por ciento y una informalidad laboral que sobrepasa el 50 por ciento -los niveles más altos de la región. Además, el 45,5 por ciento de los colombianos está dentro de lo que se puede entender como pobreza y el 16,4 por ciento vive en condición de indigencia.
Por eso, su propuesta es ”trabajo, trabajo y más trabajo: trabajos decentes y salarios dignos. Que en cada familia haya al menos una persona con empleo formal. Diálogo social entre trabajadores, empresarios y gobierno. Unidos disminuiremos los índices de pobreza y desempleo”.
La propuesta es por lo tanto estimular la economía para que a muchas personas les sea más atractivo trabajar en sectores formales que informales. El desarrollo económico además debería traer más empleo y reducir la pobreza. Asimismo, Santos mantendrá los planes sociales del uribismo (trasferencia condicionada como Familias en Acción).
Así lo dejó claro durante la campaña: ”¿Cuál es el principal desafío? Colocar a la economía colombiana en un nivel de crecimiento alto y sostenible. Porque sin eso, las políticas de generación de empleo y de lucha contra la pobreza se hacen cada vez más difíciles”.
La política exterior
Las relaciones exteriores del gobierno Santos estarán asentadas en cuatro pilares:
-Reafirmar la alianza con Estados Unidos y tratar que el Congreso estadounidense ratifique el TLC: ”No nos sentimos conformes con la práctica de ir cada año a Washington a ‘extender el sombrero’ para recibir las acostumbradas ayudas en función de la lucha contra el narcotráfico. Queremos superar este esquema y, como decimos en Colombia, hablar ‘de tú a tú’ con los Estados Unidos…a lo que aspiro es a que Colombia pueda evolucionar hacia una relación de verdaderos socios estratégicos con Estados Unidos, en lugar de ser simples receptores de ayuda”".
-Búsqueda de nuevos aliados regionales (en ese contexto se inserta su gira latinoamericana previa a asumir la presidencia y sus excelentes relaciones personales e ideológicas con Sebastián Piñera) y extraregionales (su primera gira fue a Europa donde logró de Francia apoyo para entrar en la OCDE. Álvaro Uribe se despidió firmando con la UE un TLC en 2010).
–Mejorar las relaciones con Venezuela y Ecuador. Santos llega a la presidencia con las relaciones muy deterioradas con Ecuador (tras el ataque al campamento de Raúl Reyes en 2008) y con Venezuela (que rompió relaciones tres semanas antes de asumir). El objetivo es normalizar las relaciones y encauzar los futuros contenciosos por canales diplomáticos: ”pasar la página y comenzar una nueva relación, ya no como el ciudadano Juan Manuel Santos sino como el nuevo Presidente de Colombia. Mi deber como jefe de Estado es velar por los intereses del pueblo. Y lo mejor para los colombianos es mantener relaciones cordiales con todos nuestros vecinos”.
En esa línea se inserta el nombramiento de María Ángela Holguín como nueva canciller: “(hay que) pasar a una instancia nueva, hay que pensar en la gente, el desarrollo y mejorar la calidad de vida y todo eso se logra si se tiene un grado de cooperación importante con la región, con los vecinos…Lo de Ecuador y Venezuela es abrir la puerta para iniciar una nueva etapa de las relaciones”.
Oposición, escasa pero inflexible
Santos tendrá el apoyo legislativo del 80% de los diputados pues su partido, el de la U, Cambio Radical, conservadores y la mayoría de los liberales le respalda. Los Verdes de Antanas Mockus no se han declarado opositores y están en pleno periodo de reconstrucción. Santos tendrá una mayoría absoluta en el Legislativo, ya que 73 de los 102 senadores y 137 de los 166 representantes forman parte de la coalición que lo apoyó en su aspiración a la Presidencia de Colombia.
La oposición, escasa pero muy dura, quedará restringida al izquierdista Polo Democrático y a figuras como la de la liberal independiente Piedad Córdoba. El Polo Democrático Alternativo ratificó “de manera inequívoca, la oposición al gobierno de Juan Manuel Santos. No hacemos, ni haremos parte del Acuerdo de Unidad Nacional que reúne al equipo gobernante del país que tanto daño le ha hecho los sectores populares y de clase media durante los últimos 8 años”.
De todas formas, el Polo llega muy fracturado entre los seguidores de Gustavo Petro (ala moderada) y los partidario de Carlos Gaviria (ala radical). Todo indica que los petristas acabarán abandonando el partido ya que sus propuestas de diálogo con el gobierno no son bien aceotadas.
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