El combate a la pobreza
El presidente Álvaro Colom hizo del combate a la pobreza una prioridad en su Gobierno, implementando un cuestionado programa de transferencias condicionadas. Durante la campaña política los candidatos nos ofrecieron eliminar la miseria. El Encuentro Nacional de Empresarios (Enade) se enfocará en el tema. No es para menos: demasiados guatemaltecos han vivido en condiciones deplorables por demasiados años.
El término pobreza es tanto negativo como relativo. Es un concepto negativo por cuanto implica la ausencia de posesiones materiales o dinero. Es relativo, pues somos más o menos pobres en relación con el pasado o el futuro, o en comparación con otros.
Por décadas se montó una “industria internacional de la pobreza”. Miles de entidades privadas, agencias estatales, organismos internacionales y ONG viven dedicados a estudiar y abordar la problemática que enfrentan los pobres en todos los rincones del mundo. Se han invertido miles de millones de dólares en esta industria, con lo cual cabe hacernos la pregunta: ¿Por qué seguimos siendo pobres tras años de cooperación internacional, subsidios, programas de ayuda y más? Personas que laboraron dentro de la industria, como por ejemplo el economista William Easterly (Banco Mundial) o Muhammed Yunus (Grameen Bank), se plantearon la incógnita, con admirable honestidad intelectual. Easterly, Yunus y otros observadores han hecho un balance desapasionado de lo que funciona y lo que falla.
Han fracasado, concluyen, los programas estatales asistenciales, diversos subsidios directos e indirectos, las transferencias de Gobierno a Gobierno, y, en general, esquemas de índole paternalista. Primero, porque la redistribución enmarca un estanco juego de suma cero, ya que parte de una visión estática de los bienes disponibles a la humanidad. Segundo, porque dichos programas han alimentado el despilfarro, la corrupción y la búsqueda de rentas que desvían los recursos hacia poblaciones políticamente hábiles. Pero más significativamente, este modelo genera una debilitante dependencia por parte de los supuestos beneficiarios. Es decir, la literatura reciente reafirma el antiguo refrán que es mejor ensañar a pescar que dar el pescado.
De este cuestionamiento crítico surgen iniciativas como PovertyCure (www.povertycure.org), “una red internacional de organizaciones e individuos que buscan cimentar nuestra batalla común contra la pobreza global en una comprensión adecuada de la persona humana y la sociedad, para fomentar soluciones que generan oportunidad y liberen el espíritu emprendedor ya presente en el mundo en vías de desarrollo”. El sitio de PovertyCure nos invita a abandonar el denigrante estereotipo del pobre como carga, experimento, u objeto de nuestra caridad. Los pobres son personas dignas, capaces y creativas. Son agentes de cambio. Pueden asumir responsabilidades empresariales, intercambiar, invertir y competir. Pueden hacer crecer la economía nacional y crear riqueza, que es, en última instancia, la única forma de subsanar permanentemente la pobreza.
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