Amedrentamiento y autocensura en Bolivia
El Deber, Santa Cruz
El vicepresidente Álvaro García Linera declaró que todos los días entra
a Internet para anotar los nombres de quienes utilizan esta vía para insultar
al presidente Evo Morales. Aunque aclaró que el presidente le señala que
hay que pasar por alto estos hechos, estas declaraciones de una autoridad
tan importante logran su cometido: crear un ambiente de temor que induzca a
la autocensura, lo cual constituye un atentado contra la libertad de
expresión que limita gravemente los derechos de los que los ciudadanos
debemos gozar en una democracia.
Personalmente, no estoy de acuerdo en insultar a las máximas
autoridades del Estado, peor aún utilizando el anonimato que proporcionan
las redes sociales. Además, creo que este tipo de actitudes no solo ayudan
a quienes se ataca, sino que distraen la atención de la opinión pública de
los problemas de fondo de la democracia y de la sociedad boliviana. Sin
embargo, no creo que tal comportamiento constituya un delito que deba ser
perseguido, excepto cuando se cae en difamación, para lo cual existen los
recursos judiciales correspondientes.
Tampoco creo que todos los usos que se hacen de Internet sean buenos.
Objetivamente, este es mal utilizado por muchas personas, como cuando
violadores buscan víctimas, cuando se acosa a niños –incluso por otros
niños– causándoles graves daños psicológicos. En el mundo moderno habrá que
ir buscando soluciones para minimizar estos abusos y malos usos. No por
ello se debe buscar utilizar aparentes buenas intenciones para limitar la
libertad de expresión de la que goza la ciudadanía para transmitir y
debatir su sentir sobre los problemas de la sociedad. Afortunadamente, es
tan amplio el abanico de posibilidades que ofrecen hoy las redes sociales
para comunicarse que es casi imposible controlar a la opinión pública que
se expresa por estos medios.
Las autoridades de Gobierno conocen esta realidad y saben que su
capacidad de controlar la Internet es muy limitada. Pareciera, más bien,
que este tipo de declaraciones va dirigido a esa minoría de ciudadanos
comunes y líderes de opinión que aún se animan a expresarse personal y
abiertamente desde una posición crítica a quienes ejercen el poder nacional.
No solo por Internet sino por los medios de comunicación audiovisual,
radial y escritos, haciendo saber que el aparato del Estado está
vigilándolos, con la advertencia implícita de que serán incluidos en la
lista de enemigos del partido oficialista, con las consecuencias
consiguientes.
Esto es lo que no podemos aceptar. Que se acepte como normal un
ambiente de temor generalizado que lleve a las personas, a los periodistas
y a los propios medios de comunicación a renunciar a la libertad de
pensamiento, a la crítica y al debate público, a la independencia
informativa sobre los problemas del Estado y de la sociedad, por el miedo a
estar observados y sufrir represalias. En un Estado en el cual los límites
y equilibrios democráticos prácticamente han desaparecido, la opinión
pública se convierte en el factor determinante para evitar mayores abusos
y, finalmente, crear las condiciones para la alternancia.
El autor fue presidente del Senado de Bolivia.
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