Parlanchina y la Argentina de hoy: yo tengo los votos y hago lo que quiero

Los
desastres económicos, y los atropellos autoritarios que la señora parlanchina,
La Compota y su colección de inútiles seguidores incondicionales estaban
llevando a cabo contra los habitantes de la isla de la fantasía generaron un
creciente malestar con marchas de protesta.
Viendo
que la economía se le iba de las manos, parlanchina decidió encarar una reforma
de las reglas de juego de la isla para tener más poder. Para ello hizo todo un
show diciendo que quería democratizar las reglas de juego, aunque en el fondo
pretendía tener el poder absoluto y terminar de subordinar a los habitantes a
su persona. Un tiempo atrás, le había dicho a los de La Compota: vamos por
todo. Cuando Avalito le preguntó qué quería decir “vamos por todo”, parlanchina
le respondió: fácil, eliminar los derechos individuales de los habitantes de la
isla.
Ante
la reforma de las reglas de juego que amenazaban la libertad de los habitantes
de la isla, el malhumor creció y se organizó una marcha de protesta en toda la
isla. Viendo que la mano venía pesada, parlanchina hizo llamar al náufrago para
preguntarle qué estaba pasando.
Llegó
el náufrago a la reunión y parlanchina le preguntó: ¿Qué es lo que está pasando
que la gente quiere salir a protestar contra mi gobierno aquí y en las islas
vecinas? ¿No saben agradecer los sacrificios que yo hago por Uds.?
Señora,
respondió el náufrago, desde que Uds. tomaron el poder en la isla, la economía
anda de mal en peor, además la gente ya se dio cuenta que miente con los datos
económicos, inventa datos de todo tipo para tratar de convencernos que bajo la
pobreza, la indigencia, la mortalidad infantil, las enfermedades y otros temas.
En ese punto, parlanchina interrumpió al náufrago y le dijo: no le voy a
permitir que me falte el respeto diciendo que miento con los datos de la
economía. Vea, contestó el náufrago, me lo va a tener que permitir porque Ud.
sabe que los números de inflación, pobreza e indigencia son inventados por Uds.
Le están mintiendo descaradamente en la cara a la gente y encima la atropellan.
Bueno,
si no le gusta lo que hacemos, dijo parlanchina, hagan un partido político y
ganen las elecciones. Yo no voy a cambiar mi forma de gobernar. La democracia
es así, el que tiene la mayor cantidad de votos decide qué se hace en la isla y
el resto tiene que obedecer.
Mire,
le dijo el náufrago, Ud. se la pasa diciendo que al que no le gusta lo que hace
arme un partido político y gane las elecciones y eso es una burrada, porque
tener una mayoría relativa de votos no la autoriza a hacer lo que quiere. Ud.
tiene que subordinarse a las leyes que imperaban en esta isla antes de que
llegara. Esas leyes indicaban que cada tanto se vota a algún ciudadano para que
administre la cosa pública, dentro de los límites que le marca la ley. Tener
más votos no la habilita a hacer lo que le venga en ganas.
¿Cómo
que no puedo hacer lo que quiero si la gente me votó a mí? respondió altanera
parlanchina. Yo tengo el poder y Uds. tienen que hacer lo que yo digo porque
para eso me voto la gente.
Le
insisto, dijo el náufrago, acá no votamos para elegir a un dictador, votamos
para elegir a una persona que se limite a administrar la cosa pública, es
decir, que haya seguridad, que la justicia resuelva pacíficamente las
diferencias entre los habitantes de la isla y entre los habitantes de la isla y
el gobierno de la isla, para que mantenga buenas relaciones con las islas
vecinas y para que un habitante de la isla no pueda agredir a otro habitante de
la isla. Su función es la de administrar no la de amenazar a la gente.
Vea
a Willy Dark, le dijo el náufrago, amenaza a la gente, la extorsiona, la
insulta. Ese señor está haciendo abuso de la autoridad y cometiendo el delito
de abuso de la función pública.
Bueno,
pero si Willy Dark no amenaza y extorsiona, la economía se descontrola,
respondió parlanchina. La única forma de hacer que la economía funcione es
controlando todo. La gente es hija del rigor.
Señora,
con sus controles nos quedamos sin carne, sin energía, el transporte público es
un peligro, los caminos están destrozados, faltan productos, la inflación está
desbordada, falta trabajo, las empresas cierran y se van de la isla. Están
destruyendo todo.
Parlanchina
levantó la voz y dijo: Ud. repite las mentiras que publica La Corneta, ese
diario que siempre mintió y atacó a los gobiernos para derrocarlos. Con el
dueño de La Corneta no quiero saber nada. Son destituyentes.
Vea,
le dijo náufrago, su relación con el dueño de La Corneta no me interesa, lo que
sí me llama la atención es que hasta unos años atrás Ud. y su fallecido esposo
lo recibían aquí, en la choza imperial, a comer y eran muy amigos. Pero bueno,
ese no es el tema por el que Ud. me llamó.
Exacto,
dijo parlanchina para zafar rápidamente de la observación incomoda que le había
hecho el náufrago. El tema es que si no les gusta lo que hago, le repito, hagan
un partido político y ganen las elecciones.
Señora,
le respondió el náufrago, le voy a aclarar una regla básica que impera en esta
isla y que Ud. no quiere cumplir pero los habitantes de la isla sí quieren que
se cumpla. Los habitantes de esta isla decidimos desarmarnos y otorgarle el
monopolio de la fuerza al administrador que elegimos por el voto para que con
ese monopolio de la fuerza defienda el derecho que tienen los habitantes de la
isla a la vida, a la libertad y a la propiedad. Con esto quiero decirle que el
monopolio de la fuerza Ud. tiene que usarlo para evitar que un habitante trate
de matar a otro, o que le pretenda robar o no permitirle expresar sus ideas
libremente. Ud. fue votada para que utilice el monopolio de la fuerza para
defender esos derechos, pero resulta que ahora que tiene el monopolio de la
fuerza, Ud. lo usa para violar la libertad de las personas, su propiedad y
perseguir a todo aquel que piensa diferente a Ud. Por lo tanto Ud. se ha
levantado contra el orden jurídico que rige en esta isla y pretende establecer
una dictadura.
Dictadura
es lo que pretenden establecer los jueces de esta isla que siempre fallan en
contra de mis medidas. Se la pasan otorgando medidas cautelares para
perjudicarme y no dejarme gobernar. Mire, cuando firmé un decreto para
expropiarles a los productores el terreno que tienen para exposiciones, un juez
les dio una cautelar y no pude expropiarles el terreno que habían comprado a
precio vil. Yo que soy una abogada exitosa le digo que la justicia así no
funciona.
¡Pero
cómo va a expropiar sin demostrar que compraron a un precio vil! Exclamó el
náufrago.
Pero
si yo tengo el poder puedo expropiar, respondió parlanchina.
No,
contestó el náufrago, justamente la cautelar es para que Ud. no pueda usar el
monopolio de la fuerza para violar el derecho de los habitantes de la isla. Lo
que le dice el juez es: primero demuéstreme que los productores compraron a
precio vil y si me lo demuestra podrá expropiar con indemnización previa. Ud.
tiene que demostrar que los productores son culpables. Por eso el límite que le
pusimos a los administradores en la isla. Para que no usen el monopolio de la
fuerza para violar el derecho de terceros.
¿Pero
qué me está diciendo? bramó parlanchina. ¿Cómo no voy a poder expropiarles el
predio si soy la administradora que ganó las elecciones? Señora, en esta isla
rige el principio de que toda persona es inocente hasta que se demuestre lo
contrario y Ud. pretende expropiar un terreno, que el juez no acepte la medida
cautelar y que luego los productores demuestren que son inocentes. Ud. está
dando vueltas el orden jurídico de esta isla. Para Ud. todos son culpables
hasta que demuestren lo contario y por eso quiere eliminar las medidas
cautelares. Para dejar indefensos a los habitantes de esta isla frente al
monopolio de la fuerza que le delegamos. Ud. quiere eliminar la independencia
de la justicia porque si la justicia es independiente, Ud. no puede simular que
hay una democracia. Lo que Ud. quiere es que los jueces dependan de Ud. para
decir que hay una democracia pero en realidad quiere ser la autócrata de la
isla.
Justo
entró a la reunión Daina Me Quedo con Tu Sueldo, una funcionaria que se había
declarado admiradora del asesino Stalin, y le dijo al náufrago: no discuta con
la señora porque ella tiene los votos y si tiene los votos, la única manera de
gobernar esta isla es teniendo todo el poder. Si no le gusta haga un partido
político y gane las elecciones. Pero como nosotros ahora tenemos el poder y el
monopolio de la fuerza, vamos a cambiar las reglas de juego para quedarnos por
siempre en el poder. Parlanchina for ever, gritó Daina Me Quedo con Tu Sueldo.
Nosotros
con el poder hacemos cosas muy buenas para la gente. Cuando se inundó el otro
lado de la isla, los de La Compota fueron a ayudar desinteresadamente, afirmó
parlanchina.
Bueno,
eso de desinteresadamente es una forma de decir, porque el jefe de La Compota,
un tal La Roca, andaba repartiendo las donaciones de la gente con la remeras de
La Compota. Eso de solidario no tiene nada. Más bien es la actitud más baja que
he visto en mi vida, le dijo el náufrago. Usar la desgracia ajena para hacer
propaganda política partidaria.
Parlanchina
miró con desprecio al náufrago y le dijo: nosotros vamos por todo y eso quiere
decir que queremos todo el poder para gobernar la isla en beneficio de la
gente.
Señora,
respondió el náufrago, Uds. no necesitan todo el poder para administrar esta
isla ni fueron elegidos para quedarse con todo el poder y violar los derechos
las personas a su antojo. Para administrar esta isla solo tienen que someterse
al estado de derecho y dejar que la gente trabaje libremente, exprese
libremente sus ideas y tenga seguridad. Que nadie les robe el fruto de su trabajo.
Pero lo que Ud. pretende es justamente disfrazar de democracia a una banda de
delincuentes que se apropia del trabajo de la gente de esta isla. Quieren tener
impunidad para seguir haciendo sus negociados con algunos náufragos tan
delincuentes como Uds. Para eso necesitan que no haya jueces que defiendan a la
gente de sus abusos. Dado que Uds. pretenden esclavizar a la gente de esta
isla, las protestas van a seguir. Además, al destruir la seguridad jurídica ya
nadie invierte en la isla y va a llegar un punto en que la producción va a ser
tan baja que ni siquiera van a tener qué robarle a la gente porque no va a
haber qué robar. Dicho esto el náufrago se levantó y se fue.
Parlanchina
se quedó pensando y le dijo a Daina Me Quedo con Tu Sueldo: te das cuenta, estos
tipos son tan desagradecidos que son capaces de producir menos para que no
podamos robarles. Si llega ese extremo no voy a poder mantener mi balsa 01, ni
comprarme más Rolex o mis botas de Hunter para ir a lugares donde me puedo
mojar los pies. Mejor andá pensando en sancionar una ley de esclavitud para que
estos tengan que laburar a la fuerza. Pero no le pongas esclavitud, ponele: ley
de democratización del trabajo obligatorio para sostener la democracia.
Acordate Daina Me Quedo con Tu Sueldo, siempre poné la palabra democracia que
queda bien. Pero me da tanto asco la democracia, dijo parlanchina poniendo cara
de repugnancia.
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