Capitalismo, el ideal desconocido III
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República, Guatemala
Pueden verse también las partes I y II de este trabajo
Vimos en mi entrega anterior que el Capitalismo es el sistema socio-político que se basa en el respeto y protección de los derechos individuales y en una ética racional o prudencial de autorrealización, de busca del bienestar propio y la vida feliz.
También vimos que el derecho individual es un principio moral que define y sanciona la libertad de acción correcta, virtuosa y legítima de la persona en un contexto social. La acción correcta, virtuosa, legítima y moral es aquella que se rige por el egoísmo ético, por el egoísmo racional que consiste en obrar en favor del interés propio objetivo.
Ahora, para establecer la jerarquía o estructura del contexto de dependencias epistémicas necesarias para tener el conocimiento de que es Capitalismo conviene ahondar en el concepto de acción humana y sus distintas facetas.
La “acción humana” es conducta consciente, volitiva y deliberada, que pretende alcanzar precisos fines y objetivos, como reacción consciente ante los estímulos y las circunstancias del ambiente.
Es la existencia de necesidades la que crea el requerimiento de la acción, es decir de orientar el comportamiento a conseguir metas o fines. Como la existencia del organismo vivo está condicionada a satisfacer sus necesidades, toda acción deliberada apunta a conseguir un ‘valor’, que es aquello que uno actúa para tener y/o conservar. Valuar es la acción que consiste en elegir algo tras examinar los atributos de las cosas consideradas y establecer cual puede usarse para satisfacer mejor lo deseado. La valoración siempre es personal y contextual. El valor que uno otorga a una cosa, es consecuencia de una reflexión sobre cierto estado de cosas y su relación entre los propósitos o deseos de quien considera y los atributos del objeto en cuestión. Valorar es elegir algo por identificar o suponer su capacidad para satisfacer un fin personal deseado, es decir, identificar su utilidad. La cosa en sí no tiene valor, ni intrínseco ni adquirido, sino que se le adjudica valor por su capacidad real o supuesta para satisfacer un fin deseado. La valoración siempre es contextual, circunstancial y jerárquica, y por lo tanto el valor resultante siempre es marginal. El humano conscientemente establece una escala de valores, clasificándolos según la importancia comparativa que le atribuye a cada uno. Esta estimación de valores relativos se mide por un proceso de causalidad final, y precede toda otra acción humana. Cuando el humano elige conseguir esto en lugar de aquello o lo otro, ha decidido que en las circunstancias dadas el tener esto es más valioso para él que el tener aquello o lo otro. Porque al actuar, el humano, opta, determina y procura alcanzar un fin y de dos cosas que no pueda disfrutar al mismo tiempo, elige una y rechaza la otra. La acción implica siempre preferir y renunciar.
Las cosas que satisfacen necesidades se vuelven objetos a conseguir mediante una acción sólo cuando han sido elegidos como valores.
Si el humano valora la vida, la acción para alcanzar el fin de auto preservación, de mantenerse a sí mismo, de vivir una vida como humano, consiste en tomar material que existe en su medio ambiente, transformarlo reorganizándolo, y así producir un bien, convirtiéndolo en el medio de su supervivencia.
El concepto de ‘medios’ comprende todo aquello que sirve para lograr cualquier fin. El concepto de ‘medios’ o ‘recursos’ es epistemológico, existen en la mente de quien considera algo de ‘utilidad para’, mientras que la existencia de la ‘cosa en sí’ es metafísica, es nada más que lo que es. ‘Utilidad’ en este contexto significa ‘relevancia causal para la supresión de un malestar’. Ver una ‘cosa en sí’ como ‘medio’ es una acción mental del humano, que gracias a su entendimiento del principio de causalidad, piensa como usar la cosa para determinado fin. El individuo que actúa valora las cosas como medios para suprimir su insatisfacción o malestar.
La ‘sociedad’ es acción concertada, cooperación pactada para alcanzar los propios fines de quienes se vinculan en una relación de intercambio de valores. La sociedad es el resultado de un comportamiento consciente, voluntario y deliberado que apunta, por ser acción humana, a alcanzar precisos fines y objetivos de quienes cooperan y que consiste en cambiar una situación de insatisfacción personal por otra considerada más satisfactoria. Por eso mismo, la “cooperación social” es un medio que consiste en el intercambio de valores, es decir, bienes demandados, bienes que alguien quiere conseguir, sean estos tangibles o intangibles, para alcanzar los propios fines, que consigue al servir los fines del otro con quien intercambia. La sociedad tiene existencia epistémica que se manifiesta en la acción. No existe como ‘cosa en sí’, como un ente viviendo su propia vida, independiente y separada de las vidas de los diversos individuos, actuando en su provecho propio, apuntando a sus propios fines diferentes a los fines perseguidos por los individuos. La sociedad, como el matrimonio, es un contrato tácito, un pacto de cooperación, que se disuelve cuando se rompe el pacto, deja de existir aunque los individuos involucrados sigan existiendo.
La tasación, la acción de fijar el precio de un bien, adquiere realidad en el precio acordado que indica el acuerdo entre lo que demanda el vendedor y lo que demanda el comprador, y que por tanto, el precio es un “signo” que comunica los deseos de los inter-cambiantes. De esta manera, todo aquel que participa en esta cooperación social puede informarse de lo que los otros socios potenciales más valoran y ajustar su producción orientada a servirlos mejor.
Por eso el dinero es el instrumento ineludible del cálculo económico. El cálculo monetario es una acción mental, de hecho, es un método de pensamiento. Sólo a través de los precios monetarios es posible el cálculo económico, es decir, el cálculo de los costos y de las ganancias de la acción proyectada. El instrumento del cálculo monetario es la contabilidad por partida doble. Si los precios indican que una vez restados los costos arrojan ganancia, esto indica que la producción de determinado bien es económicamente factible; si no, no. Y no menos importante, sólo se puede intercambiar lo que se posee, lo que es propio, fruto de la propia producción, sea este un bien tangible o intangible o servicio. El cálculo económico depende de la propiedad privada de los bienes a intercambiar y se refiere a todo cuanto se cambia por dinero. El cálculo monetario es lo que sirve de guía para la acción en el sistema de división del trabajo e intercambio de bienes.
El proceso de información, mediante precios, de lo que las personas valoran y de división del trabajo que esta información provoca y del cálculo económico basado en esta información que conduce al intercambio de los bienes producidos, se llama ‘mercado’. El mercado no es una ‘cosa en sí’, sino el conjunto de acciones voluntarias de varios individuos cooperando bajo la división del trabajo y el intercambio. Las fuerzas que determinan el estado, continuamente cambiante, del mercado son los juicios de valor de los individuos y sus acciones dirigidas por esta valoración. El estado del mercado a cada instante es la estructura de precios que refleja la totalidad de intercambios de aquellos que desean comprar y aquellos que desean vender. El mercado es enteramente el resultado de las acciones humanas voluntarias y no coaccionadas. Y el sistema de economía de mercado es el sistema social de la división del trabajo bajo la propiedad privada de los medios de producción, o sea, el Capitalismo. El mercado es un medio para alcanzar los propios fines. Por medio del mercado, todo mundo actúa para alcanzar sus propios fines; pero las acciones de cada quien deben orientarse a satisfacer las necesidades de los otros socios potenciales también para así satisfacer las propias. Cada quien, al actuar sirve a sus conciudadanos. Y al mismo tiempo, es servido por ellos. Cada quien es al mismo tiempo, en sí mismo un fin y un medio. Es un fin último para sí mismo y el medio para otra gente que actúa para alcanzar sus propios fines.
Los bienes y servicios que se intercambian en el mercado, antes de ser intercambiados, deben ser producidos. La producción es la acción de tomar material existente del medio ambiente al concebirlo como recurso y mediante la labor –el empleo de las funciones fisiológicas del humano como medio– y el capital –el empleo de la suma en términos monetarios del conjunto de utensilios y máquinas, y el ahorro destinado a inversión, consistente en la anterior acumulación de provisiones necesarias para ampliar el lapso temporal que media entre el inicio del proceso productivo y de la obtención del bien listo para ser empleado o consumido, como medio– transformarlo reorganizándolo de acuerdo los diseños de la razón en un bien o medio útil para la supervivencia humana. Los diseños –recetas, fórmulas, planes e ideologías– son los elementos primarios que transforman los factores originales –humanos y no humanos– en medios al emplearlos para conseguir los fines racionalmente elegidos. Los transforma en factores de producción. Y es el consumidor quien es el soberano al acudir adonde le ofrecen a mejor precio las cosas que más desea, indicando así donde alocar mejor los recursos y que producir.
La función empresarial es la acción de determinar el empleo que deba darse a los factores de producción para cosechar beneficios y acumular riquezas. Para ello debe prever las futuras circunstancias del mercado.
La creación de riqueza –productos demandados– es resultado de la aportación intelectual de una élite de investigadores y empresarios y de los bienes de capital que los ahorradores generaron.
Emprendedores, empresarios, capitalistas, terratenientes, trabajadores y consumidores no son seres reales y vivientes que pueblan el mundo, sino descripciones de acciones de individuos en el mercado, son personificaciones de las distintas funciones en el mercado. El humano, al vivir y actuar combina en sí funciones diversas. Nunca es exclusivamente consumidor, sino también es empresario, terrateniente, capitalista, trabajador o mantenido por alguno. Y las funciones de empresario, terrateniente, capitalista o trabajador pueden, y así ocurre a menudo, coincidir en un mismo individuo.
Esta jerarquía conceptual nos permite entender por qué el postulado socialista, de que existe una lucha de clases entre empresarios y trabajadores y/o consumidores contradice la realidad, pues como el individuo adopta cualquiera de estas funciones en el mercado, según amerite el caso, implicaría la contradicción de ser enemigo de sí mismo.
También nos permite comprender que al eliminar la propiedad privada y el sistema de precios, se hace imposible el cálculo económico; las personas se quedan sin información de lo que desean los demás, imposibilitándoles a los individuos ajustar sus acciones a las circunstancias de su medio ambiente.
CUANDO EL HOMBRE ES LIBRE PARA ACTUAR –PARA ACTUAR CORRECTA, VIRTUOSA, LEGÍTIMA Y MORALMENTE, REGIDO POR SU RAZÓN, POR SU MEJOR JUICO, POR EL EGOÍSMO RACIONAL QUE CONSISTE EN OBRAR EN FAVOR DEL INTERÉS PROPIO OBJETIVO– EL RESULTADO ES EL SISTEMA DE MERCADO O CAPITALISMO.
Continuará.
- 16 de junio, 2012
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