Endeudados
¿Puede un gobierno vivir endeudado eternamente? Hay una gran preocupación en los Estados Unidos por la abultada deuda que deja la administración del presidente Biden al final de su gobierno, estamos hablando de 31 trillones de dólares en deuda. La deuda se suele medir como porcentaje del producto interno bruto (PIB), es decir el total de la deuda de un país dividido para lo que un país en teoría produce. Es decir que, si un país produce mucho, se puede así mismo endeudarse más que otros, solo por el hecho de si hubiera más producción del país se podría soportar mayores niveles de deuda. En apariencia significa que en cuanto y tanto un país sea productivo, no importa realmente cuanta deuda se tenga.
Es interesante ver esto en un pequeño cuadro comparando varios países, algunos pequeños, otros grandes con buen nivel de desarrollo y otros en muy malas condiciones. La página del Fondo Monetario tiene una herramienta que nos lo puede graficar con facilidad:


Lo primero que salta a la vista es que, contrariamente a lo que uno puede pensar, hay países con mucha deuda que no necesariamente están en malas condiciones económicas, tales como Japón, que es un caso extraño entre los países desarrollados pues sus niveles de deuda, aunque exorbitantes, 249% del PIB no necesariamente están al punto del colapso. He incluido a países como Venezuela en nuestro hemisferio que en determinado momento como se puede ver en la primera gráfica llegó a tener una deuda por encima del 300% del PIB y estuvo al borde del colapso económico en el punto en que subió vertiginosamente su deuda. Lo mismo pasó con Grecia y España que tuvieron que hacer ajustes inmensos para bajar sus niveles de deuda hasta niveles mas razonables como los de ahora. Los académicos debaten las razones de estas discrepancias como la de Japón y otros países desarrollados como Estados Unidos para tener niveles de deuda tan grandes y no entrar en apuros económicos y hablan de la calidad del gasto y otros factores que lo explican. Se ve así mismo en esta muestra que la tendencia hacia una mayor deuda como porcentaje del PIB es creciente por lo general en las últimas décadas. Se pierde de vista que la deuda, aunque es una medida importante de que tan bien o que tan mal está el país esconde un problema y es que en muchos casos se ha olvidado cual es la razón y de donde viene esta deuda.
Generalmente cuando un país se endeuda estamos hablando de deuda que contrae un gobierno y esta puede ser de tres tipos, gasto corriente, es decir gasto del gobierno, gasto de inversiones en proyectos de utilidad pública y gasto que se hace sobre todo por el banco central que monetiza bonos del tesoro de un gobierno para poner más dinero en circulación. En teoría el único motivo para endeudarse a largo plazo debería de ser el gasto en proyectos de utilidad pública, pues ayudan a construir carreteras, obras de infraestructura como represas, pasos a desnivel, y cosas por el estilo. El endeudamiento por gasto corriente debería de ser mínimo y por lo general transitorio es decir lo necesario para operar cuando hay problemas a corto plazo de flujo de caja, pero el endeudamiento hecho por las tesorerías en realidad es un gasto peligroso pues es usado para crear dinero y por lo tanto para generar inflación y debería de estar prohibido. Muchos banqueros centrales dicen que lo hacen para manejar la cantidad de dinero en circulación y eufemísticamente lo llaman herramientas de política monetaria. Casi siempre es una bola de nieve que una vez se sale de control es muy difícil de paralizar. Recordemos lo que relataba Milei que llegó al gobierno con deuda en tesorería que vencía y era a plazos de un día, peor que el borracho que va a la tienda de la esquina a financiar el trago para la juerga de la noche y que regresa a la mañana siguiente pidiendo más dinero prestado para la farra de la noche siguiente. Mis colegas economistas por supuesto han de estar protestando que he sobre simplificado acá en este comentario, pero en realidad lo que quiero dar a entender es que la deuda en si, por parte del gobierno, es una herramienta que no ayuda realmente y que solo empobrece.
Toda deuda del gobierno al final del día se paga de dos maneras, via impuestos a los ciudadanos o vía inflación, cuando el gobierno incrementa la base monetaria y destruye el valor de la moneda. Los impuestos no son populares y todos buscamos la manera de minimizarlos y el exceso de impuestos lo único que causa es que la producción del país se vea disminuida o desviada a otras cosas sin tantos impuestos o que el sector privado deje de invertir donde hay exceso de impuestos. La pregunta que más de alguno se hará entonces es, ¿cómo se paga las obras de infraestructura donde no hay un aparente dueño? Pues esto requiere ante todo prudencia, para no sobrecargar de impuestos e ir construyendo lo estrictamente necesario y por otro lado requiere que se piense en alternativas como la inversión por parte del sector privado en aquellos casos en que sea factible. Con esto espero que no solo se gestione privadamente si no que el empresario pueda obtener un beneficio y por lo tanto tenga incentivo a hacerlo a cuenta propia. Lamentablemente la inversión que hace el gobierno casi siempre termina siendo consumida por la corrupción o desperdiciada y hecho de muy mala manera. El gasto del gobierno por más bien intencionada que sea nunca es inversión. La inversión requiere hacer algo que mejore la productividad y el rendimiento y eso es algo que nunca puede hacer el gobierno pues todos sus procesos son por definición en ausencia de competencia. Si no hay competencia no hay desarrollo de eficiencias y descubrimiento de mejores formas de hacer las cosas con menos dinero. Los países que estuvieron bajo la bota del comunismo hasta 1989 (en noviembre se cumplieron 35 años de su caída) nunca pudieron imitar los desarrollos del mercado y la realidad es que solo los países “comunistas” nominalmente como China, Vietnam que han abrazado el mercado han logrado salir del subdesarrollo. Son comunistas de nombre, pero a su vez son tan o más capitalistas que los países que se llaman capitalistas aunque políticamente sean autoritarios y comunistas. Por otro lado, hay países capitalistas de nombre que más parecen social democracias y coquetean con el comunismo económico y es el motivo por el que están actualmente en franca decadencia.
América hispana nunca tuvo capitalismo, lo más cercano fue la Argentina Alberdiana de 1850 hasta más o menos 1930 o el Chile de los 80’s hasta más o menos el 2010. El resto de los países no han vivido nunca el capitalismo y a duras penas han tenido imitaciones malas de lo que debería de ser un país donde la libertad y la competencia florezca. Por lo general hemos vividos endeudados y la primera gran deuda fue la de la independencia y con ese cuento de las deudas leoninas de la independencia se auto justificaban los gobiernos de turno para explicar su evidente subdesarrollo después de dicho periodo. Hasta el día de hoy me acuerdo como nos machacaban en las clases de historia de la escuela que gran parte del subdesarrollo era culpa de la deuda inglesa por la independencia y en Ecuador, la leyenda era que recién se había pagado con el boom del petróleo de los setenta. Si Ecuador ya pagó su deuda de la independencia en los setenta, ¿cómo es que sigue igual de endeudada, y ahora con la riqueza del petróleo? Lo cierto es que todos los países que se independizaron pasaron por el mismo problema incluso en el caso de Estados Unidos casi fracasa por las deudas de su independencia igualmente. La diferencia fue que mientras en Hispanoamérica nos pasamos quejando, lamentándonos y endeudados por gran parte de nuestra historia post independiente en ese país por lo menos hicieron el esfuerzo de balancear las cuentas del gobierno y financiar solo lo que se podía pagar. Ya para mediados del siglo XIX Estados Unidos experimentó la revolución industrial al igual que otros países que abrazaron el libre comercio y había subsanado completamente las cuentas del gobierno, aún después de la cruenta guerra civil que acabó con la esclavitud. El gran endeudamiento moderno en Estados Unidos se da en realidad a partir de 1971 cuando Richard Nixon rompió el patrón Oro-Dolar y se empezó a gastar como que si no hubiera mañana financiando ese gasto vía inflación.

En el siglo XX y el XXI el gran desafío no es sólo la deuda provocada por el gasto corriente del gobierno, sino la creciente intervención del gobierno en otras áreas que no son parte de sus funciones. Para muestra un ejemplo, antiguamente existían los Monte de Piedad, y las asociaciones mutuales que eran muy populares sobre todo entre los inmigrantes que no tenían redes de asistencia social al venir solos y no contar con redes de familiares o amigos. Nadie se acuerda de estas instituciones, pero en realidad eran los precursores de los sistemas de previsión social actuales. Funcionaban bastante bien y ayudaban a la gente que se afiliaba y que invertía en sus fondos. En mi país natal Ecuador donde la Junta de Beneficencia de Guayaquil (la Junta) fundada en 1887 aún existe y aunque es un país con claros problemas de subdesarrollo, la junta es un sistema de previsión social privado que funciona mejor que el sistema de seguridad social del gobierno (IESS). Tiene el hospital más grande del país, administra escuelas, hospitales, asilos de ancianos, hospital de niños, hospital para atender enfermos de cancer, una gran parte de los cementerios y sus salas de velación. Por increíble que parezca ha sobrevivido como una reliquia del pasado por más que diferentes gobiernos han tratado de desfinanciarlo o absorberlo y no han podido, no cabe en las cabezas de los gobernantes que haya una institución privada que provee de asistencia social y trabaja de manera bastante eficiente. Se financió en sus inicios con grandes donaciones de personas adineradas que querían dejar un legado o simplemente no tenían descendencia y hoy en día manejan la lotería nacional como parte de sus fuentes de financiamiento. Muchas de las donaciones de tierras que recibió en sus orígenes fueron el inicio de la expansión inmobiliaria hacia el norte de la ciudad de Guayaquil y de la mayoría de las urbanizaciones privadas. ¿Cuanto más se habría podido hacer en Guayaquil y el resto del país si el seguro social nacional, estatal no hubiera existido, y no se hubiera desincentivado la beneficencia privada? La junta es de las últimas instituciones privadas de asistencia social que todavía existen en Ecuador, lamentablemente por la crisis económica y el empobrecimiento generalizado por la asfixiante presencia regulatoria del gobierno ha ido afectando a otras instituciones privadas que poco a poco han desaparecido.
No es necesario vivir endeudados para tener servicios públicos e incluso beneficencia privada, hay otros ejemplos. Ecuador no es único caso, Chile es todavía un ejemplo más dramático y de mucho éxito pues lo ha demostrado al ser uno de los pocos países que se atrevió a inicios de los ochentas a permitir un seguro social privado o sistema de pensiones con empresas privadas que compiten por los fondos de los jubilados. Esto se hizo bajo los auspicios de José Piñera y que, pese a los esfuerzos por desfinanciar el sistema, y hacerlo fracasar con medidas populistas como permitir el retiro anticipado de los fondos sin llegar a la edad de jubilación, se ha convertido en uno de los mayores inversionistas chilenos, con fondos muy bien administrados. Está por demás decirlo que esta solución no encaja en la narrativa de los que están a favor del gobierno y siguen viendo la manera de destruirlo y verlo fracasar. Es un problema que lejos de mejorar se va a acentuar pues la seguridad social pública se ha convertido en la caja chica del gobierno que usa para su gasto, y es una manera de endeudarse a espaldas del público al apropiarse de los fondos de pensiones públicos sin necesidad de subir los impuestos o generar inflación, pero a costa de desfinanciar estos sistemas y de romper la promesa de los sistema de previsión social de generar fondos para una vejez en paz y de destruir las oportunidades de florecimiento humano en las postrimerías de la vida. Si le añadimos a esta situación la disminución de las tasas de natalidad en la cuales hay menos población joven, profesionalmente activa que aporte a los sistemas de seguridad social y que contribuyan en el flujo de caja de los pagos de pensiones de los jubilados; que cada vez son más debido a una mayor longevidad de la población; tenemos la receta perfecta para las grandes crisis fiscales del futuro.
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