Neomercantilismo
¿Se puede exportar sin importar? Esta es la pregunta que deberíamos estar haciéndonos ante el resucitado mercantilismo que domina la discusión económica. Un país que exporta necesariamente tiene que importar, si exporta productos agrícolas, necesita importar maquinaria e insumos. Si exporta bienes de capital con alto nivel de desarrollo necesita importar acero para hacer la maquinaria, y así se verá si nos ponemos analizar cada producto exportado. Siempre habrá algo que no se puede producir internamente y habrá que importarlo. Por otro lado, si alguien compra nuestros productos debe tener dólares o la moneda de pago para pagarnos por esos productos. ¿Si nuestros compradores no tienen dólares y nadie les compra los productos que ellos exportan ya que sus productos no pueden venderse en el mercado americano o se venden poco por las tarifas altas, entonces como se espera que estos compradores nos paguen?
En el comercio, si no hay compradores o estos no tienen recursos para pagarnos, tampoco vamos a poder vender. Un vendedor siempre va a estar preocupado de que sus clientes abunden y que quieran comprar nuestro producto ofreciendo un producto de buena calidad, a buen precio y que sea el mejor. Si por el contrario nuestro producto es caro, de baja calidad, y hay alternativas o competencia lo más lógico es que el comprador se incline por el producto más barato, a lo mejor no sea de tan buena calidad, pero que esté al alcance del bolsillo del comprador. Es probable que sean pocos los que lo puedan comprar, y eventualmente ese vendedor de producto caro, aunque aparentemente mejor terminará desapareciendo del mercado o simplemente vendiendo menos en un nicho de comprador que busca mejor calidad.
Entre las naciones ocurre algo similar, el comercio internacional refleja la capacidad que tiene cada país de producir algo y hacerlo a un precio que pueda ser accesible al mundo. En el actual ambiente de comercio internacional de los últimos 30 años con el advenimiento del internet, y creciente comercio internacional, mayormente libre de tarifas arancelarias o con tarifas reducidas y reglas claras para lidiar con disputas comerciales lo que ha habido es una internacionalización de las cadenas de producción que ha abaratado los costos y ha dinamizado muchas economías. Los electrónicos se ensamblan en China, con chips taiwaneses (en guerra con China por su independencia), pero fabricado con tecnología de los Países Bajos para hacer los chips, pantallas sur coreanas, desarrollo, diseño en tecnología y marca de Estados Unidos y con materias primas salidas de China, Africa y clientes que compran en todo el mundo. Es un caso moderno de la historia del lápiz de Milton Friedman, sumamente compleja y difícil de entender y replicar en su totalidad desde un solo país o por una sola empresa.
Es gracias a este intercambio que, a pesar de guerras y conflictos, no ha habido guerras a gran escala como la primera y segunda guerra mundial. El libre comercio ha sido la paz; y “el proteccionismo es la guerra” decía L.V. Mises. Sin embargo, la obsesión de la actual administración con las tarifas arancelarias o el fair trade pone en peligro este delicado ecosistema de comercio que podría tener consecuencias insospechadas para el desarrollo económico mundial. Es cierto que China subsidia muchas cosas, y que muchos tratados de libre comercio no lo son al estar lleno de regulaciones paraarancelarias, o que son auténticos mamotretos legales de miles de páginas, pero no menos cierto es que la economía china está con serios problemas debido a la planificación económica, centralmente dirigida como construcción de ciudades fantasmas o mega infraestructuras o fabricantes que no generan utilidades porque están altamente subsidiados y que no operan adecuadamente. Poco a poco, a pesar de muchos incentivos, China ve como su producción está migrando a otros países más eficientes o menos difíciles como Vietnam, o la India donde han mejorado el clima de negocios y hay menos conflicto político.
Tampoco queda claro con el actual surgimiento de la inteligencia artificial que la producción regrese del todo a los Estados Unidos y más bien se vaya a otros países donde haya un mejor ambiente de negocios y menores costo de producción. Es la teoría de las ventajas comparativas de la que hablaba David Ricardo y sobre lo cual enseñaba el recordado Muso Ayau (o esta reseña personal que hice con ocasión de su fallecimiento c.2010). Por más que una empresa o persona sea la más eficiente en el mercado, es imposible que pueda hacer todo, siempre habrá alguien que pueda hacer cosas a un menor costo o con más eficiencia y aquella persona o empresa que tiene una mayor productividad tenderá a enfocarse en lo que puede hacer mejor, aunque sea bueno en todo, dejando lo secundario para otros no tan eficientes pero que pueden especializarse y ayudar al que tiene mayor eficiencia para producir bienes de mayor valor, incrementando la productividad total.
Si realmente un gobierno está preocupado de que no se hace algo en el país entonces lo que debe de mirar es internamente, y ver que es lo que ha ralentizado o impedido que la manufactura o el comercio se de en un país o se siga haciendo. Claramente se verá que el problema es más que nada interno, exceso de regulación, falta de mano de obra calificada, factores culturales como el odio a los comerciantes a o a los banqueros o a los creadores de riqueza y a un estado cada vez más obeso que absorbe capital y recursos del sector privado para desarrollar proyectos faraónicos, mantener burocracias o hacer cambios culturales que la población rechaza y que no aumentan ni el bienestar ni la riqueza de los ciudadanos.
Estados Unidos ha ido perdiendo su lugar destacado en las economías mundiales y ha dejado de ser el líder mundial de la apertura comercial, y la innovación en muchas áreas. Por mucho tiempo ha estado más preocupado en guerras en lugares lejanos y conflictos imposibles de resolver, disputas culturales irracionales y ajenas a la cultura occidental, sus gobernantes y legisladores más preocupados en ver como hacen innovación en programas de asistencialismo a lugares lejanos y abandonados o en incrementar la dependencia de su población a programas del gobierno sin importarles si con eso destruían, la agencia personal, la libertad, el estado de derecho y la poca regulación que había traído tanta prosperidad a ese país. En nombre del cambio climático y los objetivos de la agenda 2030, han regulado y sobre regulado el comercio y la industria. Estados Unidos ha perdido dinamismo y competitividad frente a países que no cumplen las mismas reglas porque son países en desarrollo o porque simple y sencillamente no han sido tan tontos sus gobiernos para creerse este cuento. No se me mal interprete en esta misma columna he elogiado que Estados Unidos sigue siendo un lugar superior en cuanto a seguridad, estado de derecho, estabilidad, libre comercio, justicia, innovación, pero ya no es lo mismo, hay una degradación que se ha hecho visible y esto tiene que cambiar antes de que sea irreversible el daño.
No solo debido a la degradación en la competitividad es necesario hacer cambios, está en curso una revolución tecnológica que va a requerir hacer esfuerzos deliberados para cambiar esa degradación. No se olvide que la inteligencia artificial aumentará la productividad de muchas empresas al necesitar menos trabajadores para hacer lo mismo, y los cambios serán muy difíciles si no se simplifica y se desregula el país para que esa productividad adicional redunde en una mayor creación de negocios y de empleos. Habrá muchos trabajadores desplazados por las innovaciones tecnológicas y hay que flexibilizar las regulaciones para que el ajuste sea menos doloroso y se evite que grandes comunidades se queden marginadas y abandonadas ante el cambio tecnológico que está ocurriendo.
Ya pasó en Estados Unidos cuando se implementó el TLC y el libre comercio entre Canada, Estados Unidos y México y se implementó las reglas del GATT y la OMC, muchas comunidades que no se ajustaron por la excesiva regulación local (Detroit, el caso más dramático) y esto hizo que muchas áreas quedaran abandonadas o empobrecidas. Muchas veces esos ajustes se dieron internamente en el desplazamiento de la manufactura de Michigan a estados dentro del mismo país a lugares menos regulados y con menos problemas laborales. La respuesta no es eliminar el comercio, como tampoco sería destruir los avances tecnológicos, la inteligencia artificial, y el internet, sino más bien hacer un cambio para que esas ganancias en productividad redunden en un mayor bienestar y mayor cantidad de negocios fruto del florecimiento humano. La respuesta estará también en la reducción del gasto del gobierno, en tener una moneda sana, menos regulación y requerimientos legales y comerciar más y no menos con el resto del mundo.
Es pronto para saber si esta administración y quien sabe si otros personajes internacionales como Milei en Argentina, que generan tanta expectativa, serán capaces de lograr lo que ofrecen para lograr el cambio, pero hay cosas que ya han hecho y suenan muy prometedoras pues son un freno a esta decadencia. Lo más importante, más allá de las personalidades altisonantes de estos personajes, es la determinación por cambiar el estado actual de las cosas, que buscan disminuir la regulación, reducir el tamaño del gobierno, reducir la excesiva preocupación en guerras lejanas, en cambios culturales o de régimen, que han ido minando la economía próspera que gozaban países como Estados Unidos o Argentina. Hay aciertos como la motosierra argentina del programa de gobierno de Milei, que para orgullo de los hispanoamericanos ha sido modelo para lo que está llevando adelante el proyecto de la oficina de eficiencia gubernamental (DOGE) en Estados Unidos. Esta última en pocas semanas ha destapado una auténtica barrica de gastos de porquería que no tienen que ver nada con la ayuda a los más necesitados, ni con solucionar los problemas más urgentes de la humanidad. Lo que demuestra que este tipo de gasto en manos del gobierno rápidamente se convierte en una herramienta de adoctrinamiento ideológico o de control político que no debe de estar jamás en manos de ningún gobernante sea del bando ideológico que sea, y que es una fuente eterna de enriquecimiento para quienes proveen la ayuda pero que jamás ayudará a quienes dice ayudar.
Si usted discrepa de la actual administración en sus ideas en contra de la ayuda humanitaria, es libre de conseguir fondos y de reunirse con amigos que estén dispuestos a financiar estos gastos de asistencialismo y sigan con dicha agenda. Lo que no puede ser es que todos los ciudadanos independientemente de sus creencias o ideas tengan que financiarlo bajo el concepto de la solidaridad. La solidaridad en manos del gobierno es el expolio legal, solo es solidaridad si está en manos de los ciudadanos que privadamente deciden ayudar a los más necesitados.
El gobierno no está para hacer beneficencia o para rescatar a la gente de sus malas decisiones financieras o para impulsar el desarrollo tecnológico o para tratar de cambiar la naturaleza de los seres humanos, o para educar y alimentar a los más necesitados en el tercer mundo. Eso es trabajo de las organizaciones sin fines de lucro, que tampoco deberían de recibir ayuda financiera del gobierno, no importa que tan noble sea su misión. El gobierno solo debería de hacer 3 cosas, dar seguridad (asegurarse de que se cumplan las leyes), justicia (evitar el abuso de unos u otros violando la ley) y velar porque se den las condiciones favorables para el florecimiento humano.
Esto último es una tarea que en el caso del gobierno significa quitarse del camino y no estorbar, en vez de buscar que ley o reglamento falta, los legisladores deberían de estar preocupados de que ley o regulación sobra. El congresista más votado debería de ser el que menos leyes haga o el que simplifique más el régimen legal existente, no lo que ocurre, que compiten por ver quien presenta más leyes o consigue más fondos (pork spending) para sus comunidades.
La seguridad y la justicia se puede tercerizar a manos privadas si así las partes involucradas lo consideren viables, por ejemplo, en muchas disputas comerciales lo común son los mecanismos de arbitraje privado como alternativa a la justicia estatal. Cuando se trata de tener seguridad adicional no recurrimos al gobierno si no que contratamos expertos privados en seguridad, sea esta tecnológica, o física como hacen en los bancos. En este caso el rol del gobierno que vela por el florecimiento humano sería permitir que se den estas soluciones privadas, dar el marco regulatorio adecuado y dejar de intervenir tanto o gastar en esto si los ciudadanos ya lo hacen. No es una utopía, es una realidad que ya existe.
El mercantilismo trajo miseria, destrucción a Hispanoamérica, y en casi todos los países de la región aún lo hace, y no sale del subdesarrollo por el mercantilismo o las tarifas arancelarias o las ayudas del gobierno, sino a pesar de estas, con menos regulación y gracias al libre comercio.
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